Una inmersión en un universo híbrido, mitológico y onírico, donde las tensiones contemporáneas entre sensibilidad y violencia se revelan.
A través de criaturas bifrontes y composiciones que evocan lo ancestral y lo molecular, Tinoco construye una cosmovisión que conecta lo visible con lo invisible y, lo espiritual con lo biológico. Su práctica se articula en torno al dibujo sobre papel y tela, grafito, carboncillo y conté, y se inscribe en una genealogía de artistas que reivindican lo crudo y lo emocional como lenguaje visual, en sintonía con figuras internacionales como Raymond Pettibon o Chloe Piene. El imaginario de Tinoco, poblado por seres distorsionados y narrativas fragmentadas, refleja una generación marcada por la sobreexposición afectiva, el humor negro y la estética del absurdo.




El arte de Tinoco, entendido como una robusta anticipación a un nuevo orden natural de los seres vivos, está ocurriendo de verdad. Averroes y los suyos, en la Córdoba bajo dominio almohade, hablarían del efecto de la melancolía en el alma de un artista que busca entre fantasmagorías la armonía de los contrarios. La imagen creada incomoda porque recuerda la persistencia de los binomios enfrentados como restos de una ontología de la pugna, de la guerra. Cuando, si lo pensamos bien, todo es uno: bella y bestia, levedad y peso, sensibilidad y brusquedad, donde la opción de los grises es una apuesta por situarse entre el blanco y el negro.
Si el análisis siguiera por ese camino y recurriera a comparaciones de su obra con lo hecho en otro tiempo por Max Ernst, empezarían a oírse los crujidos de nuestras convicciones al cuartearse. Estamos detenidos en un cruce y el semáforo está en verde. Porque enfrentarse al todo en un mundo de lo diverso exige captar el hecho de que la verdad está contenida en rasgos contrapuestos. Y eso genera una tensión que el arte deduce de las esferas celestes, de origen mítico; y es así porque el arte ha sido, y es, lectura de lo sublime desde lo cotidiano.

El arte de Tinoco arranca de la psicología de la profundidad con criaturas nacidas del imaginario mediterráneo al comienzo de los tiempos (en Egipto con Apis, en Creta con el Minotauro) y que alcanzan el alma romántica con los centauros de Arnold Böcklin y la surrealista con los hombres con bombín de René Magritte.
Hay una alerta antes de la renuncia, y se muestra como un rostro humano metamorfoseado en rana. Unir lo disímil es el objetivo de este arte que está ocurriendo de verdad: un acto sensible activado por un gesto brusco contra lo que se percibe, un fuego interior que hace entrar en calor a una sociedad aletargada. Así consigue de modo implacable que la sensibilidad y la brusquedad se unan para definir un enigma y lo hace con la misma necesidad con la que los antiguos acudían al oráculo: explicar un paso carente de movimiento, porque es una única sustancia.
No acaba ahí el esfuerzo creativo, va más lejos, con una filogenética vigilancia concretada en figuras bifrontes pero uniformes que responden al mismo principio con el que se ensamblan las proteínas como nos enseña la genética molecular: un proceso de agrupar los elementos que forman membranas.
El arte de Tinoco responde a un estado avanzado de la conciencia con criaturas híbridas como avatares de una preocupación actual consistente en la titánica lucha contra lo que nos viene impuesto genéticamente: como ese toro enamorado de las flores, pero al que educan para que sea lo que el gen le tiene preparado, no su sensibilidad por lo bello, sino su brusquedad expresada en la embestida como metáfora de la situación de un mundo en la frontera entre lo real y lo imaginado. Y ahí emergen los grises como forma de expresión radical.

El formidable recurso patognomónico que caracteriza esta exposición es una forma de recuperar el momento presente con un arte que está ocurriendo de verdad como soporte de una original narración sobre la realidad de un mundo que se despliega en piezas diversas para obtener una visión de conjunto totalmente renovadora de los grandes argumentos que definen la evolución de la especie.
Para más información: SC Gallery
Con Abanto, Fernando Tinoco inaugura su primera exposición individual. Por Almudena Blasco Vallés

