Las brujas del imaginario popular fueron, en realidad, las primeras maestras cerveceras: mujeres que usaban sombreros puntiagudos para ser vistas en el mercado, escobas como señal de que la cerveza estaba lista y gatos para proteger el grano. Su oficio prosperó hasta que la superstición y el poder lo convirtieron en brujería. Esta es la historia real detrás de una bebida que nació entre manos femeninas y que sobrevivió a hogueras, rumores y siglos de miedo.
