La exposición Goya x Lita Cabellut. Los Disparates reabrió una herida antigua, la de una humanidad que sigue tropezando en sus propias sombras. En la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el diálogo entre Goya y Cabellut se convirtió en una acusación estética, un espejo incómodo donde la culpa, esa que ambos artistas señalan sin temblar, regresó con una fuerza inesperada.
Un diálogo incómodo sobre la culpa humana entre Goya y Lita Cabellut
Hubo exposiciones que no se limitaron a colgar cuadros en una pared, como quien exhibe trofeos o reliquias para solaz del paseante dominical; hubo exposiciones que, por el contrario, se abrieron como grietas en el suelo, invitándonos a descender a los sótanos de la condición humana, allí donde la luz apenas se atrevía a entrar.

Tal fue el caso de Goya x Lita Cabellut. Los Disparates. “Mísera humanidad, la culpa es tuya”, celebrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, inaugurada el 30 de octubre de 2024 y clausurada el 25 de enero de 2025 con un diálogo intempestivo entre dos espíritus que, separados por siglos, se reconocieron en la misma zozobra moral, en idéntica pulsión por desentrañar las sombras que nos constituyen.
Porque Goya, ese aragonés que supo mirar la noche del alma con una lucidez casi cruel, dejó en sus Disparates una cartografía del desconcierto humano con estampas donde la razón se tambaleaba, donde la violencia se volvía rito, donde la risa era máscara de la desesperación. Y Lita Cabellut, artista de vasto registro, recogió ese legado no como quien imita, sino como quien escucha.

En aquella exposición, Cabellut se aproximó a Goya con la reverencia de quien sabía que dialogaba con un maestro, pero también con la audacia de quien comprendía que el arte solo vivía cuando se atrevía a contradecir, a reinterpretar, a desgarrar.
Las piezas de Cabellut, esas superficies que parecían pieles heridas, esas figuras que emergían como espectros de un sueño mal dormido, no buscaban ilustrar los Disparates, sino prolongar su estela. La artista reconoció que, desde sus inicios, las preocupaciones conceptuales y emocionales de Goya latían en su obra como un rumor subterráneo. Aquel encuentro, pues, no fue una coincidencia, sino una revelación: la constatación de que ciertas obsesiones estéticas eran hereditarias, como si el arte fuese una enfermedad que se transmitía por contagio espiritual.

Dos miradas que iluminaron la oscuridad humana: el diálogo moral entre Goya y Cabellut
El comisario Eloy Martínez de la Pera lo resumió con precisión: dos miradas que analizaban el alma humana, dos lenguajes que arrojaban luz —una luz metafórica, una luz plástica— sobre los miedos, las envidias, las violencias, las ideologías, las ambiciones que nos gobernaban. Y es que tanto Goya como Cabellut entendieron el arte como un acto de iluminación: no para embellecer la realidad, sino para mostrarla en su crudeza, en su caos, en su vejez, en su poder y su servidumbre.

Un combate intelectual entre siglos
La exposición se articuló como una sinfonía dialéctica, donde cada obra de Goya encontraba su contrapunto en una pieza de Cabellut. No se trató de un juego de espejos, sino de un combate intelectual: la artista contemporánea interrogaba al maestro, lo contradecía, lo amplificaba, lo desgarraba. Y el espectador, atrapado en aquella pugna, se veía obligado a pensar, a sentir, a reconocer en esas imágenes la parte más turbia de sí mismo. Porque el arte, cuando era verdadero, no consolaba: incomodaba.
La artista total que devolvió a los Disparates su mordida contemporánea
Lita Cabellut, que vive y trabaja en los Países Bajos fue reconocida como Artista del Año 2021 y desplegó allí su condición de creadora total. Sus obras, pintura, técnica mixta y experimentación material parecían surgir de un laboratorio emocional donde la piel humana era materia prima. Frente a los Disparates, sus piezas funcionaron como réplicas contemporáneas de un mismo estremecimiento, la certeza de que la humanidad, mísera y culpable, seguía tropezando en idénticas piedras.

Una experiencia sensorial y cognitiva
La exposición, lejos de ser un mero ejercicio de erudición, se convirtió en una experiencia sensorial y cognitiva. El visitante no solo contemplaba: descifraba. No solo observaba: se enfrentaba. Y en ese enfrentamiento descubría que la historia del arte era, en realidad, una conversación interminable entre almas que se buscaban a través del tiempo.
Goya y Cabellut, unidos en aquel diálogo, nos recordaron que el arte era una forma de verdad. Una verdad incómoda, sí; pero también necesaria. Porque solo quien se atrevía a mirar sus propias sombras podía aspirar a comprender la luz.

La humanidad entre luces y sombras
Al final, esta exposición no fue solo un diálogo entre dos artistas separados por siglos, sino un recordatorio de que la humanidad sigue debatiéndose entre sus luces y sus sombras. Goya y Cabellut, cada uno desde su propio abismo, nos devolvieron la imagen de una especie que insiste en tropezar con las mismas piedras, que repite sus miedos, sus violencias, sus ambiciones y sus culpas con una fidelidad casi ritual. Y quizá ahí reside la verdadera potencia de este encuentro: en mostrarnos que el arte, cuando se atreve a mirar de frente, no suaviza la realidad, sino que la revela en toda su crudeza.
Si esta travesía por los Disparates y su relectura contemporánea te ha dejado con ganas de seguir explorando miradas, lenguajes y mundos creativos, puedes descubrir más sobre otros artistas en nuestro apartado Arte & Artistas, donde seguimos ampliando el mapa de voces que cuestionan, iluminan y transforman la forma en que entendemos lo humano.
