Su obra combina largometrajes y cortometrajes, fotografía y escritura de cómic, en los que narrativas distópicas señalan la naturaleza destructiva de la vida contemporánea.
Originario de España, Moya realizó cursos breves en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba, así como en San Antonio y Nueva York, EE. UU. Comenzó con películas caseras y adquirió experiencia como asistente en numerosas producciones antes de realizar su primer videoclip.
«Mi trabajo refleja lo que los seres humanos son capaces de hacerse a sí mismos. Creo que gran parte del trabajo que adopta una postura pesimista es en realidad una invitación al cambio, una invitación a que la gente mejore las cosas», afirma Moya, cuyas obras abordan de forma constante el desapego y la deshumanización.

En la exposición Meta-Mythical Optimisation con las creaciones más recientes del artista visual Chino Moya (Madrid, 1975), se puede ver una amplia gama de formas: desde videoinstalaciones y fotografías, hasta piezas escultóricas y una película de siete minutos creada íntegramente con IA.
En su trabajo combina el cine, el videoarte y la fotografía para explorar temas como el colapso de las utopías, la soledad o el declive de la masculinidad tradicional con narrativas distópicas que abordan modelos fallidos de sociedad; enfrentando el desapego y la deshumanización en la vida contemporánea.
De formación autodidacta en el plano académico, creció en Madrid en un ambiente intelectual irrepetible. Hijo del catedrático de Sociología Carlos Moya y la politóloga Natalia Rodríguez-Salmones, su juventud transcurrió entre tertulias de grandes figuras de la intelectualidad como Paco Calvo Serraller, Miguel Ángel Aguilar, Antonio Escohotado o Javier Pradera, entre otros. Posteriormente, en sus primeros años como cineasta experimentó con diferentes medios, hasta que en 2021 se estrenó en el mundo del cine con el largometraje Undergods.



La muestra que expone ahora en Londres tiene mucha enjundia, no solo por las novedosas propuestas visuales que propone con una estética que roza lo distópico (¡como le habría gustado a John Berger visitarla!) sino también porque cuestiona de forma constante las narrativas visuales contemporáneas.
Moya nos invita a adentrarnos en una serie de paisajes visuales y sonoros que desdibujan las fronteras de la realidad y la ficción, desafiando nuestra comprensión del futuro y su relación con el presente. Para ello, ha imaginado un mundo que ha denominado “Deemona: un futuro muy lejano” donde una entidad poshumana artificialmente inteligente —la IA evolucionada en miles de años—, genera una civilización humana virtual sin problemas.
Este demiurgo artificial esculpe una sociedad colectiva que elimina el sufrimiento, la miseria y la violencia asociada al ámbito corpóreo; suprimiendo también la jerarquía o la identidad singular, y creando una sociedad donde todo funciona, nada está sucio ni roto, y todos tienen razón.
Es muy interesante la forma en que explora la relación entre el cuerpo y la tecnología. La frontera entre lo real y lo artificial se difumina: actores reales en contraste con figuras generadas por IA. Jugando con conceptos filosóficos y futuristas, crea un ambiente estático repleto de arquitecturas geométricas inspiradas en el Renacimiento del Quattrocento (Crivelli, Hans Memling o Piero della Francesca); arquitecturas de corte totalitario, geometrías sagradas, pinturas clásicas y arte fantástico de los años setenta y ochenta; y artistas de ciencia ficción como Moebius.
El estilo moyano cuida delicadamente la estética de sus creaciones con un enfoque pictórico y con colores muy específicos, los llamados colores de los “no lugares” —aeropuertos, salas de espera, hospitales—, mezclados con un toque camp o kitsch.
Para más información: chinomoya.com
Chino Moya y la naturaleza autoinfligida de los problemas humanos


