Entre la memoria histórica, la crítica social y la sátira más corrosiva, Carlos Penas construye en Kara Barroka un espejo incómodo en el que se reflejan las contradicciones de nuestro tiempo. Un texto que cuestiona el sentido de los grandes discursos sobre la libertad, la igualdad, la democracia y el progreso frente a una realidad marcada por la violencia, los conflictos y la incapacidad colectiva para aprender de los errores del pasado.
Karas del presente
Mucha liberté, mucha égalité y mucha fraternité, pero infinité de pollas en vinagré. Tanto Estado de dereché pero los poderes legislativé, ejecutivé y judicialé divididos a cuchillé. Tanto respeté y solidarité pero todo muere en la puta mierdé. Tanto construir días con las horas que se fabrican sumando los minutos de silencio y tanto regar con lágrimas los tulipanes rojos del Armisticio para acabar marchitando las calles
en el año 108 después de la Gran Guerra. Tanto desfile entre las salvas que celebran el Día de la Victoria para llegar al año 81 después de la Segunda Guerra Mundial sin querer salvar la caducidad de nuestra existencia.
Tantos palillos con hambruna, tanto Gulag en la sopa y tanto gas en las cámaras, tanto látigo de hipopótamo, tanto forzar a trabajos forzados, tanta ejecución, tanta purga política, tanta represión, tanta violencia ideológica y tanta violación, tanto odio, tanta cuneta ósea, tanta inanición, tanto rencor, tanta persecución, tanto exterminio, tanta esclavitud de algodón y tanta tortura, tanto genocidio, tanta zanja sin zanjar, tanta cadena perpetua, tanto furor homicida, tanto empalamiento, tanta decapitación, tanta inquisición, tanta sangre derramada y tanta arteria estrangulada, tanta paloma blanca atragantada con la rama de un olivo y tanta aeronave de caza para que sigan volando las piedras y las pelotas de goma sobre nuestras cabezas.
Tanta lápida incógnita, tanto Je suis, tanta camiseta, tantos lacitos y tantos símbolos, tantos pirómanos en un contenedor, tanto dictador, tanta mutilación, tanto napalm, tanto huérfano y tanto militar sentenciado, tanto bienestar con síntomas de malestar, tanta fuga de mierda en un pañal, tanto asco de saqueo, tanta bala en la nuca y tanto sable, tanta metralla, tanto búnker, tantos drones de los cojones, tanto muro caído, tanta silueta y tanto cadáver, tanto horror, tanta tracción de orugas, tanto frío híbrido, tanta democracia sin gracia y tanta pérdida en otro pañal.
Tanto Mao, tanto Hitler, tanto Stalin, tanto Mussolini, tanto Fidel, tanto Franco, tanto Pol Pot, tanto Pinochet, tanto Mengistu, tanto Leopoldo II, tanto Maduro y nosotros sin madurar, tanto portaaviones y tanto navegar en un velero bergantín con fascistas a babor y a estribor, tanto tenebrismo, tanto pasamontaña, tanta ceguera en los ombligos, tanta claridad y tanta oscuridad, tanta luz, tanta sombra y tanta torpeza maquillada en nuestras karas barrokas, tanta IA, IA, IA y tanto AY, AY, AY, canta y no llores: Facha aquí, facha allá, maquíllate, maquíllate. Un espejo de cristal y mírate y mírate.
Una mirada crítica para no olvidar
La paz, la libertad y la democracia nunca son conquistas definitivas, sino ejercicios cotidianos de vigilancia y responsabilidad. Lo demás, como recuerda Carlos Penas en Kara Barroka, es maquillaje sobre el reflejo de nuestras propias contradicciones.
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