El arte puede ser una forma de aprendizaje, pero también una herramienta para comprender quiénes somos. En la séptima edición de Quarantine, celebrada en la isla de Lazareto (Menorca), el artista menorquín Josep Marquès Salord comparte una experiencia transformadora marcada por la creación, la introspección y el apoyo colectivo del programa Fairy Godmother Club.
Quarantine Menorca: arte, comunidad y crecimiento personal
Hay experiencias que no se miden por lo que uno aprende a hacer, sino por todo aquello que descubre sobre sí mismo. En el universo de Quarantine, el evento artístico que se celebra cada primavera y otoño en la isla de Lazareto, en Menorca, el arte es el punto de partida. Pero no necesariamente el destino. Su propuesta va mucho más allá de reunir artistas y ofrecerles un espacio de experimentación, aprendizaje y acompañamiento: también busca generar una comunidad en la que compartir, cuestionar y crecer sea posible.
Esta filosofía tiene una expresión especialmente significativa en su dimensión social. A través del “Fairy Godmother Club”, Quarantine ha creado una iniciativa de apoyo colectivo en la que antiguos asistentes realizan aportaciones económicas para facilitar que otros artistas puedan participar en el programa. Una forma de devolver lo recibido y de entender que las oportunidades también pueden construirse colectivamente.
En esta séptima edición, titulada Hunter’s Moon, uno de los beneficiarios de esta iniciativa ha sido el artista menorquín Josep Marquès Salord, que llevaba tiempo imaginando la posibilidad de participar en Quarantine. Su historia representa precisamente el sentido de esta red de apoyo: el encuentro entre alguien que desea seguir creciendo artísticamente y una comunidad que decide ayudarle a dar ese paso. Un camino construido a base de curiosidad y esfuerzo Josep se forma actualmente en el Centre Municipal d’Art de Ciutadella, su pueblo natal, donde lleva varios años asistiendo a clases de pintura.
Habla con especial agradecimiento de su profesor, una persona que ha conseguido motivarlo y transmitirle unos valores que, según explica, ha reconocido también durante su estancia en Quarantine. Su formación, sin embargo, no se limita a las clases. Compagina el aprendizaje artístico con un trabajo convencional. “Los ahorros que puedo ir guardando los invierto constantemente en formarme y en crecer”, explica.
No se trata únicamente de mejorar una técnica o adquirir nuevas herramientas, sino de encontrar un sentido a lo que hace. Para Josep existe una diferencia importante entre la dimensión más visible del arte, aquella que circula por las redes sociales y busca agradar a los demás, y otra mucho más íntima: preguntarse por qué pinta, qué necesita expresar y qué lugar ocupa la creación en su vida.

De admirar a Guillermo Lorca a vivir la experiencia
Su primer acercamiento a Quarantine llegó a través de una edición en la que participó el artista Guillermo Lorca (en 2023). Josep seguía su trabajo y, a partir de ahí, comenzó a descubrir lo que estaba sucediendo en Menorca alrededor del proyecto. La curiosidad fue creciendo, aunque reconoce que desde fuera no siempre resulta fácil comprender exactamente qué ocurre dentro de Quarantine.
Sabía que era un lugar al que quería ir algún día, pero todavía desconocía qué encontraría allí. Más adelante, a través de un galerista, conoció a Carles Gomila, también artista y fundador de Quarantine, que le habló de las becas destinadas a artistas menorquines. Un año después recibió su mensaje: había una nueva oportunidad y querían conocerlo para valorar su candidatura. Lo que inicialmente era un proyecto que algún día esperaba poder realizar se convirtió, finalmente, en una realidad gracias al Fairy Godmother Club.
Una semana para mirarse de frente Al preguntarle por lo que se lleva de esta experiencia, Josep tarda un poco en encontrar las palabras. No porque no haya aprendido, sino quizá porque todavía está intentando ordenar todo lo que ha sucedido. “Ha sido la primera vez que durante una semana entera me he estado mirando a los ojos a mí mismo”, cuenta.
Durante esos días ha mantenido una conversación constante consigo mismo, preguntándose qué está haciendo con su vida, no solamente desde el punto de vista artístico. Porque para Josep, el arte y la vida son dos dimensiones inseparables. “El arte refleja lo que eres tú y lo que es tu vida. Para mí es inevitable que vaya de la mano, si lo haces de una manera sincera.”

Poner orden en el arte para poner orden en la vida
Esta convicción explica también por qué la experiencia en Quarantine ha tenido un efecto que va mucho más allá de sus pinturas. Los ejercicios, las conversaciones y los estímulos recibidos durante la semana le han permitido observar su trabajo desde otra perspectiva, pero también reconocer aspectos personales que necesitaban atención.
“Las épocas en las que he estado de una manera se han visto reflejadas en mi arte. Y ahora ha sido la primera vez en la que, para poner orden en mi arte, también estoy poniendo orden en mi vida”, reflexiona. Así, la creación artística aparece aquí como una herramienta de autoconocimiento, una manera de hacer visibles preguntas que a menudo permanecen escondidas bajo las rutinas, las obligaciones y las expectativas externas.
“A veces sientes que en el arte hay una parte que está un poco oculta. Está la parte más superficial, la que ves por Instagram o por las redes sociales, donde te puedes perder muy fácilmente con las cosas que se hacen para gustar a los demás. Y después está la parte que sientes más de verdad: por qué pintas, por qué lo haces y por qué lo quieres hacer”, comenta.
La valentía de dejarse acompañar Pero para pasar por Quarantine, siendo un programa que no se desvela de forma anticipada, que exige dejar el teléfono al otro lado del muelle y que requiere inmersión total, Josep no duda en señalar una condición: “hay que ser valiente.” No se refiere a una valentía relacionada con el talento o la seguridad en uno mismo, sino de la disposición a atravesar momentos incómodos, enfrentarse a las propias inseguridades y permitirse cambiar. “Si realmente tienes estima por ti mismo y no tienes miedo de pasar por momentos duros para después poder estar mejor, Quarantine te ayudará”.
Para explicarlo utiliza una imagen especialmente sugerente: la de una persona que ha abierto muchos caminos en su vida, pero que todavía no consigue ver cómo se conectan. “En mi caso, he abierto muchos caminos en mi vida que parecían no estar conectados. Cada camino va por su lado y lo bueno es que he podido ver todo ese mapa desde un punto de vista más alto y entender muchas más cosas”.
En ese proceso, las mentorías individuales han tenido un papel importante. “Te sientes muy inseguro delante de los mentores, porque son artistas a los que admiras y respetas. Pero en esos momentos privados acabas viendo que son personas normales, que han pasado por cosas por las que tú también has pasado o pasarás”.

Mentorías para ordenar ideas y avanzar
Las sesiones privadas se convirtieron en espacios de conversación honesta, donde poder formular preguntas, ordenar pensamientos y recibir respuestas directas, siempre desde el respeto y la sensibilidad. “Te dirán las cosas con tacto, ero también de forma muy clara. Además, me ha gustado mucho poder tener diferentes tipos de mentores, porque con cada uno he podido aclarar aspectos que tenía pendientes en mí mismo. Y lo bonito es que la relación no termina cuando acaba la sesión. Los mentores siguen formando parte del día a día de Quarantine, comparten los espacios y las conversaciones y se integran en la dinámica del grupo”, comenta, dejando de ser solo una intervención puntual para convertirse en una relación que evoluciona durante toda la semana.
Sentirse en casa, sin tener que demostrar nada Las relaciones que se establecen durante el evento, Josep las ha sentido de forma profunda. No solo con los mentores, sino con los propios compañeros artistas. Y, aunque se define como una persona tímida, asegura que durante Quarantine se sintió en casa.
“Todos éramos la misma persona. En aquel momento, allí nadie te juzgaba. No es habitual encontrar espacios donde uno pueda relacionarse con los demás sin sentir la necesidad de justificar quién es, qué hace o en qué momento de su vida se encuentra. Fuera de Quarantine, las conversaciones suelen comenzar con preguntas sobre el trabajo, la profesión o las circunstancias personales. En Quarantine, esas referencias dejan de tener importancia. Lo importante es la persona y saber que está allí por el mismo motivo que tú. Sin nuestros teléfonos, ni siquiera podíamos mostrarnos nuestras obras, pero ni siquiera hacía falta. Todos estábamos allí por un motivo compartido y me siento muy agradecido por haber coincidido con las personas de esta edición.”

Más allá del arte, una forma de estar en el mundo
La historia de Josep Marquès Salord recuerda que la creación artística no siempre consiste en producir obras, sino en atreverse a formular preguntas. Quarantine propone precisamente ese espacio raro y necesario donde la práctica artística se convierte también en reflexión, comunidad y transformación personal. En una época marcada por la velocidad, la exposición constante y la búsqueda de resultados inmediatos, experiencias como esta reivindican algo mucho más valioso: el tiempo para escucharse, cuestionarse y crecer. Porque, al final, quizá el verdadero aprendizaje no sea encontrar respuestas, sino descubrir nuevas maneras de mirarse a uno mismo y de habitar el mundo.
Si te interesan las trayectorias que exploran la creación contemporánea desde una perspectiva humana y transformadora, puedes descubrir más entrevistas, reportajes y proyectos en la sección Arte & Artistas. Allí encontrarás historias que, como la de Josep Marquès Salord, demuestran que el arte sigue siendo una de las herramientas más poderosas para comprender quiénes somos.
