En La Regla Crítica de Carlos Penas, la política se revela como un virus que distorsiona la realidad —dos más dos igual a cinco— y solo la cultura y la educación actúan como la vacuna capaz de devolver lucidez y frenar el avance del “Aquí Vale Todo”.
La Regla Crítica de Carlos Penas: cuando la política es un virus y la cultura la única vacuna
Si la sangre fluye de forma súbita por donde no debe, se empalman las ansias de poder hasta embutirnos en la raja de las urnas. La estopa política solo entiende de censuras, tiraniza al adversario con acusaciones esclavas y nada tiene que ver con el piñazo que nos damos por la raja de una falda. Importa un carajo si atropellamos a un oso panda con nuestro Seat cuando se trata de saturar los bolsillos cosidos en la carne de nuestras nalgas, cuando se endurecen y recrudecen los sistemas nerviosos de la envidia, cuando se envenenan los niveles tóxicos de la avaricia y cuando se dilatan los tejidos esponjosos del engaño y la mentira, para deleite de los esfínteres ajenos.
La democracia debería ser el antídoto que neutralizase el veneno de cualquier forma de totalitarismo, el que eliminase la falta de libertad y el que acabase con eso de conseguir lo que sea a cualquier precio. Eso sí, siempre que nuestra coronilla no estuviese infectada por el AVT (Aquí Vale Todo), porque una cosa es que el tuerto sea el rey en el país de los ciegos y otra, que el tramposo del pueblo nos ciegue los ojos con cinta americana para poder reinar como le salga de sus santos cojones.
La mejor manera de prevenir y ralentizar la transmisión de este virus es estar bien informado de la enfermedad y de cómo se propaga. Lo ideal sería protegerse a uno mismo y a los demás llevando dos mascarillas en las orejas, homologadas y bien ajustadas. Tendríamos que hacer gárgaras todos los días con algún gel hidroalcohólico, brandy o absenta. Pero todo habrá sido en vano si no nos vacunamos un poquito todos los días con la más que testada y probada vacuna LACYE: Cultura y Educación.
Desde un punto de vista matemático y en un mundo tan inteligente como para basar todo en cifras, estadísticas, ritmos y algoritmos, debería ser relativamente fácil entender que una mayoría absoluta de incultos facilitaría el hecho de que algún inculto nos gobierne. Dicho de otra manera, y sin alterar las ecuaciones, una mayoría absoluta de cultos permitiría que nos gobernase la cultura, sin duda y también por supuesto.
