Y de pronto, el hambre se volvió camino y la mesa territorio por explorar.
El Mar y Paz de Can Picafort abre la temporada como quien abre una ventana al verano: con una cocina sabrosa que mira al Mediterráneo de frente, lo escucha, lo reinterpreta, lo deja respirar. Platos de estética afinada, sabores que viajan sin pasaporte, aromas que cruzan fronteras sin pedir permiso. Este rincón junto al mar, cruce de caminos, puerto de historias, parada inevitable para los que buscan algo más que comer, ha encontrado su sitio en uno de los parajes más luminosos de la isla, donde el tiempo parece aflojar y la vida se vuelve un poco más ancha.
Era domingo y el restaurante latía como una estación en hora punta con voces, risas, el tintinear de los vasos, el sol entrando a ráfagas como si también quisiera pedir mesa. Pedimos un aperitivo antes de sentarnos, un pequeño alto en el camino, y entonces llegó la carta-menú: ese vinilo que siempre sorprende, cada uno con su propia carátula, como si la música eligiera quién eres hoy.
Esta vez nos cayó Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967), de The Beatles, un estallido de collage con 57 rostros y nueve figuras de cera mirando desde otro tiempo: Dylan, Carroll, Poe, Crowley… toda una procesión de espíritus que la banda admiraba. La portada, creada por Peter Blake y Jann Haworth a partir de un dibujo a tinta de McCartney, parecía hablarnos desde la mesa, como si dijera: “Bienvenidos, viajeros, aquí empieza el concierto”.

Y entonces llegó ese instante sagrado en que la mesa llama y el viaje empieza por el estómago
Para empezar, nos lanzamos a un clásico del sur, un bocado de esos que despiertan al cuerpo: camarones enharinados, fritos hasta quedar crujientes como grava caliente bajo las ruedas, servidos con huevos fritos de yema líquida, esa pequeña explosión dorada que siempre llega a tiempo, y pimientos de Padrón que entran y salen del plato como si fueran notas improvisadas en un solo de jazz. Un plato directo, potente, sin rodeos, perfecto para abrir el apetito y acompañarlo con una botella de O Luar do Sil godello, ese vino que nace en pequeñas viñas aferradas a las laderas de granito, donde la uva se vuelve mineral, precisa, casi eléctrica. Es su versión más franca, la puerta de entrada más expansiva y jovial de la godello: frescura pura, nitidez que corta, vida que avanza sin mirar atrás. El placer en estado limpio.
Como plato principal llegó el arroz de marisco, humeante, vivo, como si acabara de salir del propio Mediterráneo: gambas rojas brillando como señales de neón, cigalas erguidas con aire de vieja nobleza, zamburiñas abiertas como pequeñas lunas, mejillones oscuros y un cangrejo de concha blanda que parecía avanzar a su propio ritmo. Todo reposando sobre un arroz al dente, firme, bañado en un fumet profundo, de esos que te obligan a seguir, a no dejar ni un grano atrás.
Un plato que reconforta solo con mirarlo, casi familiar, pero que en boca se abre como un mapa inesperado con matices que aparecen, desaparecen, vuelven, una pequeña fiesta visual y gustativa que te atrapa sin pedir permiso. Y ahí está la filosofía de Mar y Paz latiendo en cada bocado: seducir desde el encanto, sin artificios, con ese aire surfero y libertario que respira mar por todos lados. Un equilibrio natural donde gastronomía y ocio conviven como viejos amigos que se entienden sin hablar, dejando que la brisa haga el resto.
Para más información: marypazcanpicafort.com
- ¿Cómo llegar y reservar? Carrer Enginyer Felicià Fuster, 1, Can Picafort, Illes Balears (Mallorca)
Descubre los sabores con matices del Mar y Paz de Can Picafort. Por Bernd Eldelbar.
