Desarrolla experiencias creativas en papel y grafito donde llega a conseguir una sensacio?n de realidad tan solo con el claroscuro.
Manu Iranzo, la afirmación del equilibrio, el orden y el detalle. Su obra se centra en una cuidada reflexión sobre la naturaleza. La realidad parte de la propia naturaleza, la imagen reconocible. La ficción surge al fusionar estos elementos naturales identificables con interpretaciones subjetivas.




En mi obra Mar Interrumpido o en la serie Botánica se experimenta con la formación de la imagen, un efectivo tratamiento de desenfoque crea una atmósfera que lleva al espectador al terreno de la interpretación, a un apartado más psicológico.
Otro elemento que Manu Iranzo también considera que influye y juega un papel importante en esta concepción de realidad/ficción es la escala, las propias dimensiones de la obra. Introducir un mar en un diámetro de ocho centímetros o realizar unas nubes en un formato vertical de más de dos metros de altura. Hay un distinto grado de intimidad, de contemplación de la obra, una invita al acercamiento y otra necesita de un inevitable espacio.
Lo onírico también va unido a la propia técnica monocroma. La ausencia de color nos lleva al campo de la imaginación, a una sensación de irrealidad. Una manera de dibujar pictórica en cuanto al tratamiento, en ocasiones se pierden los contornos, ayudando y potenciando ese carácter de irrealidad.
Hay una sensación extraña cuando se está delante de una obra de Manu Iranzo (Teruel, 1983), uno no sabe si lo que tiene delante es real o es una especie de capa intermedia entre lo que creemos ver y lo que realmente vemos. Como si sus minuciosos dibujos realizados con lápiz grafito hubiesen salido de lo soñado la pasada noche. Su obra, tengo la sensación, de que se mueve en ese plano inconcreto que bordea la frontera existente entre lo que creemos haber visto y lo visto realmente.




«Soy consciente de que hay diferencias entre el arte y el diseño. Mientras que el arte hace preguntas, el diseño ofrece respuestas. Son dos terrenos totalmente distintos.» Manu Iranzo
Hagan la prueba, miren un mar, una flor o una nube, luego cierren los ojos fuerte, ese mar, flor y nube permanecen pero de otra manera, ya son un recuerdo muy próximo pero imposible de que vuelva, nada será igual cuando abramos los párpados. Eso que vemos cuando, paradójicamente, tenemos los ojos cerrados se parece mucho a los dibujos de Iranzo.
Es el instante detenido y recordado de algo que ya no existirá nunca tal como lo vimos. Se aprecia sus orígenes en el diseño, aunque intuyo que esto pasa como en la célebre adivinanza, no sabremos qué fue antes, si el dibujo o el diseño.
Digo que la influencia de esa otra faceta es evidente porque un diseñador debe ser concreto y observador, y esa capacidad de observación muchas veces se realiza alejado del terreno sobre el que se trabajará después y eso debe ser algo parecido a cerrar los ojos y atrapar el instante, paso previo a afilar el lápiz.
Para más información: manuiranzo.com
Manu Iranzo, la afirmación del equilibrio, el orden y el detalle

