Un mundo escaso de ideas

Google fue creada para organizar todo el conocimiento, pero su objetivo se reveló rápidamente modesto. En la actualidad, Google aspira a fabricar coches sin conductor, a ser un banco global e incluso a derrotar a la muerte (tiene un fondo de inversión sobre la inmortalidad). Amazon, que nació como el almacén de todo, hoy produce programas de televisión, diseña drones e impulsa la nube. Y las tecnológicas Facebook, Microsoft y Apple compiten en la carrera para convertirse en nuestro asistente personal: desean despertarnos por la mañana y que su software de inteligencia artificial nos guíe durante el día. Aspiran a ser nuestro álbum de fotos y recuerdos, nuestra fuente de información y entretenimiento. Todas estas grandes corporaciones nos facilitan la vida, pero a cambio se han quedado con nuestra privacidad. Y parece que no hay marcha atrás. El investigador Franklin Foer acaba de publicar un libro titulado Un mundo sin ideas (Paidós), donde advierte de la amenaza de las compañías tecnológicas a nuestra identidad, que es una invitación a controlar más nuestras vidas.

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Foer considera que las empresas han conseguido su objetivo de alterar la evolución humana, convirtiéndonos en cíborgs: nuestro móvil es la extensión de la memoria, hemos externalizado funciones mentales básicas en forma de algoritmos y hemos transferido nuestros secretos para su almacenamiento en servidores. Y no sólo nos estamos fusionando con las máquinas sino con las empresas que dirigen las máquinas. Su tesis es clara: esta revolución se ha producido sin el control del conocimiento y la información. Las compañías nos han prometido hacer del mundo un lugar mejor a cambio de pisotear los valores liberales –entre ellos la propiedad intelectual y la intimidad–, homogeneizando la vida social, política e intelectual. El autor anima a protegernos, a preservar espacios, a resistir ante la tentación vacía. A ser capaces de dominar nuestro propio dominio.

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