Una campana, un cronómetro y golosinas bastaron para analizar algo aparentemente tan difícil de medir. Walter Mischel, el creador del test de la golosina. El experimento consiste en encerrar a un niño de cuatro a seis años en una habitación frente a un malvavisco o una galleta. Si es capaz de permanecer quince minutos sin abalanzarse…
