Fritz Bornstück construye paisajes donde lo roto y lo vivo conviven sin jerarquía. Objetos abandonados, plantas que insisten en crecer y estructuras que parecen recordar algo que olvidamos. Su pintura funciona como un reciclaje cultural: capas, gestos y restos que se reorganizan en nuevas ficciones visuales. Un jardín improbable donde cada fragmento conserva una chispa de sentido.
