El Evolution Mallorca International Film Festival cumple 15 años convertido en uno de los latidos culturales más constantes de la isla. Un espacio donde el cine encuentra refugio, memoria y futuro. Hablamos con su fundadora, Sandra Seeling Lipski, sobre cómo se sostiene un festival independiente sin perder la chispa que lo hizo nacer.
La mirada que sostiene un festival independiente
Quince años después de su primera edición, el Evolution Mallorca International Film Festival sigue latiendo como una constelación propia en el mapa cultural de la isla. Lo que nació como un puente intuitivo entre Mallorca y el mundo es hoy un territorio donde el cine respira y las historias encuentran un lugar para desplegarse con la calma que exige la belleza.
El EMIFF ha crecido como crecen las cosas que se sostienen en el tiempo: con paciencia, riesgo y una voluntad casi artesanal de cuidar cada detalle. Ha sobrevivido a pandemias, cambios de industria, a la velocidad del streaming y a la fragilidad de lo independiente, y aun así su esencia permanece intacta, como un latido que insiste en no apagarse.
En su 15.º aniversario conversamos con su fundadora y directora, Sandra Seeling Lipski, sobre la memoria que persiste, la resistencia que sostiene y el futuro que se abre como una pantalla en blanco. Sobre cómo se mantiene vivo un festival independiente sin perder la chispa inicial, ese primer destello que lo hizo posible.

Con quince años a sus espaldas, ¿qué elementos del EMIFF han resistido todas las metamorfosis y siguen latiendo en su esencia?
La atmósfera íntima y acogedora del festival, unida a un talento de primer nivel, sigue siendo una de sus grandes señas de identidad. A lo largo de los años, hemos sabido construir un espacio donde nuevas voces y cineastas premiados pueden encontrarse, intercambiar ideas y colaborar. Guiados por nuestro lema, *Bridging cultures, Bridging people*, esa conexión humana ha estado siempre en el corazón del EMIFF.
Mantener un festival independiente durante década y media es casi un acto de amor. ¿Qué decisiones —valientes, estratégicas o profundamente intuitivas— han permitido que Evolution crezca sin renunciar a su ambición ni a su esencia más íntima?
Sin duda, es un acto de amor y a veces, también de enorme cansancio. Lo que ha mantenido vivo al festival es la pasión genuina del equipo por el cine y por las personas que cuentan historias. En mi caso, también ha existido siempre un compromiso personal muy fuerte con la isla. Cuando fundé el festival en 2012, quería crear un espacio para una comunidad en construcción, capaz de unir voces locales e internacionales. Desde el principio, Evolution también ha apoyado de forma constante al talento balear a través de la sección especial MADE IN BALEARES, centrada en cineastas de la región. Nuestra misión, entonces como ahora, ha sido asegurar que estos proyectos lleguen a una audiencia más internacional. Ver cómo esa visión se hace realidad cada año es lo que me da fuerza para seguir.

Mallorca ha abrazado el festival como si fuera una extensión natural de su paisaje cultural, como si el cine también formara parte de su luz. ¿Cómo ha evolucionado esta relación y qué papel desempeña el EMIFF en la desestacionalización del turismo y en la construcción de una Mallorca que se piensa, se narra y se proyecta desde el cine?
El EMIFF fue el primer evento cultural verdaderamente desestacionalizador de Mallorca. Desde la primera edición, situamos el festival a finales de octubre, creando un nuevo punto de encuentro cultural y turístico que permite a visitantes europeos e internacionales descubrir la isla desde otra perspectiva —literalmente. Esa relación no ha dejado de crecer con el tiempo, impulsada por un apoyo institucional cada vez mayor. Es una colaboración sólida, aunque siempre con margen para seguir evolucionando. Este año, esa evolución incluye la incorporación de Magaluf, Calvià como nuevo colaborador del festival, abriendo un nuevo y estimulante foco en Mallorca no solo como destino cultural, sino también como un enclave excepcional, diverso y preparado para acoger producciones internacionales
Entre todas las metamorfosis del festival, una destaca: la fuerza creciente de las mujeres detrás de las cámaras. ¿Qué revela este cambio sobre la industria y cómo lo ha acompañado el EMIFF en su propio proceso de evolución?
Las mujeres siempre han estado detrás de las cámaras; la diferencia es que, en los últimos años han ganado visibilidad. Las redes sociales y las nuevas formas de comunicación han contribuido a amplificar voces e historias que ya estaban ahí. El EMIFF siempre ha abrazado esa realidad. Al ser un festival liderado por mujeres, con un equipo central femenino, esa mirada no es algo que se haya incorporado después: ha formado parte de nuestra identidad desde el principio.
El cine vive una mutación acelerada con nuevas pantallas, nuevos lenguajes, nuevas formas de mirar. ¿Cómo percibes el cine de hoy y qué enfoque narrativo propone el EMIFF para dialogar con este cambio sin perder profundidad, riesgo ni sentido?
Los indicios son muy positivos. La asistencia a las salas ha crecido de forma notable este año, el mayor aumento desde la pandemia, y da la sensación de que el cine vuelve a estar de moda. La Generación Z lo ha redescubierto, en parte a través del regreso de la cultura de los años 90, del gusto por los relatos más pausados y del deseo de conversaciones más humanas. Hoy, más que nunca, el público quiere vivir la emoción compartida de una sala llena, el olor a palomitas y los suspiros, las risas y las lágrimas colectivas. Y también quiere conocer a los cineastas. Esa experiencia —íntima, inmediata y viva— es precisamente lo que hace tan especial al EMIFF.

En esta nueva edición, ¿qué historias, cineastas o gestos condensan mejor aquello que el EMIFF quiere celebrar en su 15.º aniversario? ¿Qué momentos capturan esa mezcla de descubrimiento, vulnerabilidad y emoción que define al festival?
El EMIFF siempre se ha definido por su espíritu indie. Sin el respaldo de una gran empresa, el festival ha permanecido fiel a sus raíces: seleccionamos personalmente cada película y elegimos a cada invitado con intención, cuidado y una clara visión curatorial. El resultado es un programa pensado para inspirar, conmover y ampliar la mirada de nuestro público. Esta edición aniversario transmite una sensación especial de libertad y, sí, también un poco de anarquía. Pasamos todo el año viendo películas, conociendo personas, asistiendo a otros festivales y recogiendo inspiración en todo el mundo, para luego traer esas experiencias de vuelta a Mallorca y llevarlas a la pantalla.
Quince años también revelan sus sombras. ¿Qué ha sido lo más difícil de sostener en este tiempo y qué aprendizajes han resultado los más reveladores, los que han transformado tu manera de dirigir, de crear y de mirar el festival?
Sin duda, lo más difícil ha sido siempre la estabilidad financiera. Conseguir patrocinadores es una cosa; lograr que vuelvan año tras año, ganarse su confianza y mantener su apoyo incondicional, es otra muy distinta. Esa ha sido mi mayor curva de aprendizaje. También he aprendido la importancia de soltar aquello que ya no está destinado a permanecer: patrocinadores, películas, invitados e incluso miembros del equipo. Un festival es un organismo vivo, en constante evolución. Y mientras yo mantenga firme la misión, aquello que de verdad le pertenece a cada edición encontrará su camino hacia nosotros.
Si tuvieras que definir el futuro del festival en una sola frase, ¿qué debería representar Evolution en los próximos quince años? ¿Qué horizonte imaginas para este puente que no deja de crecer?
Evolution siempre será el festival internacional de las Islas Baleares que encarna un espíritu independiente y que se mantiene firme como plataforma para cineastas que merecen ser vistos, escuchados y recordados.
Mallorca sigue escribiendo su relato a través del cine y de quienes lo impulsan. Si te interesa profundizar en estas historias y en otras voces que amplían la escena cultural, visita nuestro apartado Cine & Teatro.
