Qué hacer ante la apropiación de Internet por las grandes tecnológicas.
Mierdificación, el término que Cory Doctorow acuñó en 2022. Estamos viviendo el Enmierdoceno, la Gran Enmierdación: una época en la que los servicios que usamos cada día y nos importan —redes sociales, tiendas online, dispositivos conectados, etc.— se están transformando en enormes montones de mierda. Es frustrante. Desmoralizador. Incluso aterrador.
Mierdificación identifica el problema y plantea una solución para revertirlo. Cory Doctorow, periodista tecnológico, activista digital y prolífico autor de ciencia ficción, acuñó el término enshittification (mierdificación) en 2022. No era solo una forma divertida de decir «las cosas están empeorando»; también ofrecía un diagnóstico sobre el deterioro del mundo digital y su impacto directo en nuestras vidas.
Desde entonces, el concepto ha tenido un recorrido notable: fue elegida palabra del año en el Reino Unido, Estados Unidos y Australia, así como por la American Dialect Society. Apareció en el Financial
Times, se citó desde los podios de la Unión Europea e incluso inspiró la temporada 2025 de Black Mirror. Hoy en día, millones de personas la usan para describir el ineludible vertedero digital en llamas que nos afecta. Con este término, Doctorow describe un patrón sistemático: primero, las plataformas atraen a los usuarios con servicios cómodos y atractivos; después captan a las empresas interesadas en ese público; finalmente, comienzan a exprimir a ambos para maximizar beneficios.
No se trata de un fallo puntual, sino de una técnica adoptada por todas las plataformas, desde X hasta TikTok, pasando por Amazon y Apple. Para Doctorow, el Mierdoceno no es un fenómeno abstracto, sino material y observable, muy parecido a una enfermedad: tiene síntomas, mecanismos identificables y una evolución reconocible. Siguiendo la dea de la «historia natural» de la enfermedad, propone cuatro fases claras:
- 1. Las plataformas son buenas para sus usuarios.
- 2. Abusan de sus usuarios para favorecer a sus clientes comerciales.
- 3. Abusan de los clientes comerciales para apropiarse de todo el valor.
- 4. Se convierten en un gigantesco montón de mierda.
Este proceso infecta específicamente a un modelo de negocio digital: las plataformas, un término muy manoseado, pero que formalmente se refiere a un negocio que opera un «mercado de dos lados», conectando clientes comerciales con usuarios finales. Su valor no proviene de lo que producen, sino de la red que concentran: cuantos más vendedores y consumidores reúnen, más imprescindibles se vuelven.
Así funcionan eBay y Amazon, que conectan consumidores y proveedores; Uber y Thumbtack, que vinculan conductores y pasajeros; Google, que articula la relación entre webs y anunciantes y usuarios; o Facebook, que intermedia relaciones sociales. El problema surge cuando estos intermediarios adquieren tanto poder que se convierten en «guardianes de acceso», imponiendo condiciones a todos los que dependen de ellos.
Conviene recordar que internet nació con la promesa contraria: reducir el poder de los intermediarios. La expectativa era acabar con grandes almacenes, editoriales, estudios y sellos que decidían qué podíamos comprar, leer, ver o escuchar. Surgieron pequeñas plataformas disruptivas como Craigslist, que empezaron como aficiones y acabaron convirtiéndose en empresas importantes. Sin embargo, esa desintermediación se desvaneció rápidamente.
Fusiones y adquisiciones concentraron el poder en unos pocos gigantes. Hoy hay cinco grandes editoriales, cuatro grandes estudios cinematográficos, tres sellos discográficos, dos empresas dominando aplicaciones móviles y una que controla libros electrónicos y audiolibros. Internet, que podría haber relegado a los intermediarios a funciones de apoyo, ha consolidado la era de las plataformas gigantescas, abusivas, enfermas y en caída libre.
Hoy en día, millones de personas siguen usando X pese al deterioro del debate público y las decisiones polémicas bajo la gestión de Elon Musk. No porque estén satisfechas, sino porque marcharse tiene costes reales: perder red, visibilidad, contactos. Coordinar una salida colectiva es difícil. Además, la experiencia demuestra que lo único peor que ser miembro de una minoría oprimida es ser miembro aislado de esa minoría. Esa fricción es parte del poder de la plataforma.
El problema se extiende incluso a los vehículos conectados: Tesla y otras compañías venden funciones bloqueadas tras pagos adicionales, controlan servicios a distancia y limitan prestaciones cuando el coche cambia de propietario ejemplificando la idea de Doctorow: «cuando es tuyo, no es tuyo», porque, aunque el usuario sea el propietario, el control real sigue estando en manos de la empresa.
La degradación alcanza también al ámbito laboral. En los almacenes de Amazon, por ejemplo, los empleados afrontan jornadas agotadoras organizadas bajo vigilancia algorítmica constante, donde cada movimiento está optimizado para maximizar la eficiencia.
No obstante, Doctorow no se limita a un diagnóstico desmoralizante. Esta situación no es inevitable ni fruto de una deriva tecnológica abstracta: es consecuencia de decisiones legislativas concretas, adoptadas por actores identificables. Si esas decisiones pueden señalarse, también pueden modificarse y nombrar responsabilidades.
Entre las medidas que propone están combatir los monopolios digitales, garantizar derechos y condiciones justas para los trabajadores del sector tecnológico, y permitir la interoperabilidad entre plataformas. También incluye eliminar barreras legales que dificultan la ingeniería inversa y dar a los usuarios más control sobre los algoritmos mediante herramientas abiertas. Con estas acciones, se podrían modificar servicios como Instagram o TikTok y crear alternativas más saludables.
Se puede crear un internet nuevo y bueno, adecuado para el progreso humano. Un sistema nervioso digital que nos permita conectarnos y coordinarnos en un siglo XXI asediado por el apocalipsis climático, los genocidios, el autoritarismo y el caos económico. Un internet resistente a la mierdificación.
Mierdificación no es solo un término provocador. Es un marco para entender por qué la misoginia, la vigilancia, el conspiracionismo, la manipulación y el fraude se han apoderado de Internet. Como un cirujano, Cory Doctorow expone síntomas, diagnóstico y cura de estas plataformas en metástasis: cuestionar los monopolios, abrir alternativas y crear un sistema digital más humano y seguro.
Para más información sobre Cory Doctorow
Mierdificación, el término que Cory Doctorow acuñó en 2022


