Avi Loeb insiste, algo raro pasó. El resto insiste, como siempre.
La nave nodriza 3I/ATLAS que no era nave ni nodriza. El 2026 llegó como un perro sarnoso arrastrándose por la acera, y todos esperaban que 3I/ATLAS bajara del cielo como un mesías metálico. Pero no llegó. Nunca llegan. Ni los amantes, ni los dioses, ni los malditos extraterrestres. Solo llegan las facturas, la resaca y el olor a humanidad podrida que se acumula en las esquinas.
Las redes sociales ardían como un basurero en agosto. Ufólogos, iluminados, pastores del fin del mundo, todos gritando que el objeto interestelar era una señal, una nave nodriza, un dedo acusador apuntando a nuestra miseria. Yo solo veía a la gente temblar, esperando que algo —lo que fuera— les diera sentido. Pobres diablos.
Avi Loeb decía que 3I/ATLAS no se comportaba como un cometa. Claro que no. Nada se comporta como debería. Ni los cometas, ni los gobiernos, ni los hombres borrachos que prometen cambiar. La cosa venía girando, brillando, acelerando como si tuviera un plan. Y luego, puff. Se fue. Como una mujer que no te debía explicaciones.
Mientras tanto, los profetas reciclados anunciaban raptos, apocalipsis, demonios lovecraftianos saliendo de computadoras cuánticas. Baba Vanga, Mhlakela, todos esos nombres que la gente repite cuando necesita creer que el caos tiene un guion. Yo los veía como viejos borrachos en un bar vacío, contando historias para no admitir que están solos.
Trump hablaba de desclasificaciones, de secretos militares, de encuentros con cosas que no deberían existir. Y la gente tragaba. Siempre tragan. Les encanta pensar que hay monstruos allá afuera, porque así no tienen que mirar a los que llevan dentro.
Los milenaristas del año 1000 esperaban bestias gigantes. Nosotros esperamos extraterrestres. Qué ironía. Los demonios no vienen del espacio. Nunca vinieron. Están aquí, en los ojos cansados de la gente que hace cola para sobrevivir otro día. 3I/ATLAS no nos reveló nada.
Tal vez porque no había nada que revelar. Tal vez porque el fin del mundo no llega desde arriba. Llega desde dentro. Y ya empezó.
La nave nodriza 3I/ATLAS que no era nave ni nodriza. Por Ernesto Lacalle.

