Nuevas aperturas, nuevas historias que nacen con voz propia.
Una ruta de locales que marcan el pulso de Inca. La capital del Raiger cambia sin hacer ruido, mesa a mesa, barra a barra. Los nuevos locales abren como quien enciende una luz en una habitación oscura, y los veteranos afianzan su carácter.
El mapa gastronómico crece y obliga a caminar despacio, a mirar bien, a saborear sin prisa. Hay cafés que sorprenden por su belleza limpia, bodegas que guardan historias en cada objeto y vermuterías donde el tiempo parece detenerse. En la capital del Raiguer, la curiosidad siempre encuentran un lugar donde plasmarse.
La mañana puede empezar en Buff, en la Avinguda del Bisbe Llompart. Sirven Ensaimada Buff, Alfajor, Focaccia de pastrami, empanadas y una de sus especialidades, el Cafe Buff, un café con pistacho que despierta el día sin estridencias.
El local es blanco, casi irreal. Las paredes dibujadas crean la sensación de caminar por una calle o entrar en una habitación que no existe. Los candelabros, pequeños Balloon Dogs, vigilan las mesas. Es un sitio luminoso, tranquilo, hecho para arrancar el día con alegría.
A la hora del aperitivo, la ruta lleva a Bodega Salas, en la Plaça Sant Domingo. El lugar tiene alma viajera. Una caja registradora antigua, lámparas con historia, estatuillas, un piano, libros usados y hasta un confesionario. Es un espacio que invita a quedarse, a mirar despacio.

Mientras uno bebe una Voll-Damm de grifo o un vino y acompaña el momento con unas banderillas de hígado, el local revela otra de sus caras, aquí también se presentan libros, se juegan partidas largas de mesa y se proyectan películas o documentales que encajan con su espíritu inquieto. Cada objeto, cada actividad, cada gesto suma. En Bodega Salas, el continente y el contenido se entienden bien.

La Pera Limonera ubicada en Plaça d’Orient, 25, es otra parada obligada. Una vermutería pequeña, honesta. Vermut frío, pan crujiente, embutidos escogidos, aceitunas que cuentan de dónde vienen. Abre pocas horas, las justas para que la conversación se alargue sin esfuerzo. En el carrer des Barco, Master Ramen ha abierto sus puertas. Su cocina gira en torno al plato que le da nombre. Los cuencos llegan humeantes, cuidados, tan atractivos que invitan a comer antes de probar. La intensidad del sabor confirma lo que promete la vista.
En realidad Inca ofrece de todo, desde las smash burgers jugosas de Sexto Sentido, hasta la cocina mallorquina de los cellers Can Ripoll o Sa Travessa, sin olvidarnos de propuestas de KM 0 como la de Joan Marc y su cocina de autor o el renovado Can Marron, que vuelve de la mano de las hermanas Solivellas de Ca na Toneta.
Y ahora suma una parada distinta, casi inesperada: la nueva tienda y microceller de Mandragorra Hidromel. Marina y Xisco trabajan con la paciencia de los artesanos y la determinación de los pioneros. Recuperan la bebida fermentada más antigua del mundo y la llevan a un lugar nuevo.
Mezclan ingredientes locales con técnicas antiguas y modernas, y cada botella guarda un equilibrio preciso. Su espacio invita a entrar, probar y entender una bebida que une pasado y vanguardia con naturalidad. La ciudad se mueve, crece, se afianza. Inca no solo se recorre, también se bebe, se come y se vive.
Una ruta de locales que marcan el pulso de Inca. Por Bernd Eldelbar.



