Un artista maduro, anárquico y sorprendente que se esfuerza conscientemente por «hacerlo mal» para alcanzar una libertad pictórica cercana a la infancia.
Iván Quesada, el maestro del error buscado. Un artista autodidacta uno de los retratistas que no se conforma con la destreza técnica, la pone en crisis para avanzar, buscando nuevos lenguajes desde el riesgo y la libertad.
Con su pincelada suelta, su figuración simplificada y sus formas pretendidamente alteradas, construye el retrato para luego deconstruirlo. Lanzar al espectador hacia el mensaje más primario, el de que el contenido sobrevive a la forma y la expresividad es independiente a la fidelidad de lo mostrado.


Su obra actual se articula en tres vertientes complementarias. En los lienzos, la pintura parece deshacerse y entrar en tensión con el dibujo tradicional; las formas pugnan por escapar mientras las explosiones de color dominan la superficie.
Los carboncillos, por su parte, fueron el cimiento de esta etapa más libre, con un trazo rápido, energético y desenfadado, poblado de escenas irónicas y personajes singulares cargados de humor.
Los pasteles al óleo completan este tríptico creativo desde la admiración y el respeto, partiendo de un boceto fiel que va perdiendo realismo hasta alcanzar rostros deformados y atmósferas delicadas, ya inconfundibles.




Su biografía está ligada al descubrimiento temprano del arte en la tienda de marcos de sus padres, en Oviedo, y a una formación esencialmente autodidacta. Aunque ha estado alejado del circuito expositivo, su trabajo confirma a Iván Quesada como un creador incansable, siempre dibujando, incluso cuando no sostiene un lápiz.
Para Quesada, pintar es una forma de pensamiento continuo, una actitud vital que trasciende el estudio y se instala en la mirada cotidiana. Su obra invita al espectador a aceptar el error, celebrar la imperfección y redescubrir la emoción primaria del acto creativo.
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Iván Quesada, el maestro del error buscado

