Explosión pop en clave isleña.
Llorenç Garrit: El pop mediterráneo conquista El Mirador. Hay artistas que caminan como quien pisa brasas, con ese temblor secreto que sólo conocen los que viven atentos al latido del mundo. Y entonces aparece Garrit, con su paso firme pero lleno de chispas, como si llevara en los bolsillos un pequeño incendio que no quema, sino que ilumina. Lo dijo Pepe Morales con esa precisión de quien sabe mirar: palabras parcas, tímidas, exactas. Y sí, hay algo de eso, un tono de luz perfecto, un contorno que no se equivoca. Pero también hay un rugido silencioso, un magma que sube desde dentro y se desborda en colores que parecen querer escapar del cuadro para seguir viviendo por su cuenta.
Gabriel Janer Manila lo vio claro: esa energía que no se agota, esa vitalidad que se multiplica, esa imaginación que no pide permiso. Garrit investiga, experimenta, se lanza, se equivoca, vuelve, insiste. Y en cada intento deja una huella que vibra. Pintura, música, ilustración, diseño, cartelismo, fotografía… como si cada disciplina fuera una carretera distinta y él necesitara recorrerlas todas para entender el mapa completo.

Hay ecos, sí, un Matisse radical, un Hopper silencioso, un surrealista que se ríe por lo bajo. Pero también hay algo que no se parece a nadie, un pulso propio, una respiración que no imita. Pilar Ribal i Simó lo dijo con claridad: armonía, proporción, dibujo que sostiene, color que estalla. Una alquimia antigua que Garrit vuelve nueva, como si la pintura fuera todavía un territorio por descubrir.
Y luego está el mirador urbano, ese invernadero de ciudad donde más de 150 artistas han dejado su rastro. Garrit llega y lo transforma con su universo orgánico, pop, crítico, mediterráneo. Una invitación a detenerse, a mirar, a sentir cómo el mundo, a veces gris, a veces torpe, recupera su belleza cuando alguien se atreve a pintarlo de nuevo.
Llorenç Garrit: El pop mediterráneo conquista El Mirador. Por Mónica Cascanueces.

