Se trata de una obra sobre la historia de la historia de los libros con una narrativa entre la épica, la fábula y el relato de mil aventuras.
Un recorrido por la historia del libro con «El infinito en un junco» de Irene Vallejo. Dice Irene Vallejo que toda biblioteca es un viaje, una brújula que abre las puertas a lo desconocido. La publicación de su libro El infinito en un junco, fenómeno editorial de largo recorrido, originó todo un movimiento de reivindicación y defensa del libro como herramienta cultural y de las bibliotecas públicas y privadas como lugares de encuentro en torno a la palabra. En El infinito en un junco, Irene Vallejo relata con gran brillantez y pulso literario la historia del libro y su evolución a lo largo de los tiempos.
El junco de papiro crece en las aguas del Nilo, alcanza entre tres y seis metros y con las fibras del tallo los egipcios descubrieron, hace cinco mil años, que además de sandalias, cuerdas y cestas, podían fabricar hojas en las que escribir. Luego cosían estas láminas hasta formar una tira larga, que guardaban enrollada. Habían inventado el rollo de papiro.
En el origen, la lectura era totalmente colectiva, un espectáculo. Alguien recitaba y la gente escuchaba. Los primeros libros fueron algo así como una chuleta para no olvidar el texto. O como las describe Vallejo: «Eran improvisaciones como de jazz. Cada uno le daba su tono, lo cambiaba en cada representación, según un poco el duende del público y del auditorio. La lectura en solitario y en silencio tardó siglos en producirse. Y
¿De qué va El infinito en un junco? Va de libros y de bibliotecas. Es una historia de los libros en un recorrido apasionante por el mundo clásico que llega hasta las lecturas de nuestros días y nuestras noches. El subtítulo lo explica: La invención de los libros en el mundo antiguo. Pero es mucho más que un recorrido deslumbrante por la historia de los libros en el mundo clásico. A lo largo de estas 449 páginas hacemos, en realidad, un viaje por el mundo clásico a través de los libros. Y todo ello con referencias constantes a la actualidad, pasando por autores y cineastas que han formado parte de una educación sentimental (Flaubert dixit), de Borges a Twain, de Cavafis a Bryce Echenique, de Canetti a Faulkner, de Auster y Pérez-Reverte a Vargas Llosa, de Tarantino a Scorsese.
Sostiene Vallejo que los libros «tienen la sutil capacidad de trazar un mapa de los afectos y las amistades». El infinito en un junco es una apasionada declaración de amor a la lectura, a la literatura, es una declaración de amor a los libros: «Hay algo asombroso en el hecho de haber conseguido preservar las ficciones urdidas hace milenios. La humanidad desafió la soberanía absoluta de la destrucción al inventar la escritura y los libros. De alguna forma misteriosa y espontánea el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo».

En ese tránsito de la cultura oral a la cultura escrita se produce el nacimiento de la filosofía y no es casual. Platón reflexiona sobre esas recitaciones y espectáculos a propósito de la oralidad. Realmente es un tipo de comunicación que tiende al hechizo, a capturar tus sentidos, a que dejes de cuestionar, de reflexionar. Un poco las redes sociales y la televisión producen ese mismo efecto de hipnosis, de trance que te dejas invadir por lo que pasa, pero uno no tiene ese poder y esa capacidad y la libertad que te da un libro de detenerte y reanudar la lectura cuando quieras, de pensar. Es interesante que la filosofía exigía eso, no se trata solo de recibir una avalancha de mensajes sino de hacer pausas y mirar si te está convenciendo, si harías una matización, hacer apuntes. La continuidad y el deslumbramiento que dices de lo visual lo impide. En el libro hay esa posibilidad de dudar, de cuestionar, de comprobar si lo que te habían dicho antes es coherente con lo que te han dicho ahora, volver atrás en el razonamiento, eso está relacionado con nuestra libertad. En el libro somos soberanos, y la lectura es, un ejercicio de libertad.
Irene Vallejo obtuvo el Premio Nacional de Ensayo 2020 por El infinito en un junco, además de otros reconocimientos. Vallejo convierte una detallada investigación sobre la historia del libro en una gran narración como una especie de las mil y una noches con relatos de aventuras, una historia existencial o un thriller a lo largo de 35 siglos. «La filóloga y escritora española rastrea la génesis de uno de los grandes inventos de la humanidad en ‘un viaje al comienzo de lo que somos’. A cuando empezó su creación, a aquellos tiempos en que de las narraciones orales se pasó a hacer visible lo contado en piedra, arcilla, seda, piel, árboles, plástico y luz…»
Este libro es Las mil y una noches de los libros y de las bibliotecas en el mundo clásico. Va enlazando relatos que surgen uno del otro, al contarse uno, de repente surge otro relato, y este otro crea otro nuevo. La narratio de la retórica clásica, story telling le llaman ahora (al decirlo en inglés le parece más importante a quien lo pronuncia). De la fascinante historia de la Biblioteca de Alejandría a la imaginada Biblioteca de Babel de Borges (¿o era real?), pasando por la Villa de los Papiros de Herculano, de los poemas de amor de Safo a la subversión amatoria de Ovidio, este libro es también una reivindicación práctica de los clásicos grecolatinos, de la necesidad de las humanidades clásicas para entendernos mejor a nosotros mismos (a veces es doloroso). «No todo lo nuevo merece la pena: las armas químicas son una invención más reciente que la democracia», y es que, decididamente, no hay nada más moderno que el mundo clásico.
Clasificamos las cosas para comprenderlas mejor, y clasifican este libro como ensayo, pero es en parte un libro de memorias, es un libro de relatos y, sí, es también un ensayo, que tiene ritmo narrativo y poético, deliciosamente escrito, en el que el lector se disuelve al leerlo.
Unos egipcios, al borde del Nilo, hace cinco mil años, mezclaron la orientación de las fibras del junco de papiro y así inventaron una hoja en la que escribir. Lo hicieron para que, cinco mil años después, pudiéramos disfrutar tanto leyendo esta obra luminosa, El infinito en un junco, cuya lectura atrapa y seduce al lector con su ritmo, su fluidez y su fuerza.

Doctora en filología Clásica por las Universidades de Zaragoza y Florencia, su labor se centra en la investigación y divulgación de autores clásicos, Irene Vallejo ha convertido su pasión por las palabras en su profesión. Nieta de maestros e hija de grandes lectores, creció en una casa rodeada de libros, fue una niña curiosa y despierta que encontró en los textos literarios un lugar al que agarrarse cuando, con tan solo 8 años, sufrió acoso escolar:
«Yo creo que todas las personas que amamos los libros – apunta – en un momento u otro, hemos sentido que nos acompañaban, que nos protegían, que creaban un espacio seguro y confortable donde sentirnos comprendidos».
Colaboradora habitual de diferentes periódicos, en 2011 publicó su primera novela ‘La Luz Sepultada’, y desde entonces se ha convertido en una de las escritoras más relevantes de su generación. Su carrera literaria alcanzó un hito en 2019 con ‘El infinito en un junco’, donde la autora explora la historia de los libros desde sus orígenes hasta nuestros días. Un ensayo con más de un millón de ejemplares vendidos, traducido a más de 30 idiomas y por el que ha sido galardonada con el Premio Nacional de Ensayo. En 2023 se publicó la adaptación gráfica, una obra en la que Irene Vallejo ha colaborado con el ilustrador Tyto Alba, añadiendo una dimensión visual al texto original, que acompañan y complementan el relato.
Para más información sobre Irene Vallejo
Un recorrido por la historia del libro con «El infinito en un junco» de Irene Vallejo Por Emilio del Río


