Luces rojas sobre Roma, la herejía visual de Aishy.
El Vaticano arde en neón: Aishy lo reimagina en clave ciberpunk. Hay noches en que la realidad se abre como una grieta eléctrica y deja escapar un resplandor que no pertenece a este mundo. Noches en que las ciudades respiran neón, en que los templos tiemblan bajo luces que no fueron hechas para rezar sino para soñar. Y en una de esas noches, o en la memoria de una noche que nunca existió, Aishy tomó su cámara como quien toma un billete hacia otra dimensión y se plantó frente a la Basílica de San Pedro para convertirla en un espejismo ciberpunk, un latido rojo y azul suspendido entre siglos.
Aishy, director de arte, fotógrafo, alquimista de atmósferas, no captura imágenes captura el instante en que el mundo se desdobla. Su obsesión es el encuadre que respira, el color que vibra, la atmósfera que se queda pegada a la piel como humo de madrugada. Y en Red Lights: Vatican lleva esa obsesión al límite, como si quisiera demostrar que incluso el corazón solemne del Vaticano puede mutar en un escenario de ciencia ficción, un templo para peregrinos del futuro que buscan redención entre luces saturadas.


La serie es un viaje. Un viaje de esos que empiezan en un lugar conocido —la arquitectura renacentista, el mármol, los dorados, la solemnidad que pesa como siglos— y de pronto, sin aviso, se deslizan hacia un territorio donde nada es lo que parece. Aishy manipula las imágenes en Adobe Lightroom como quien toca un saxofón en un club lleno de humo: improvisando, empujando los límites, dejando que los tonos rojos y azules se derramen sobre la piedra sagrada hasta convertirla en un escenario vibrante, casi líquido.
Las inscripciones latinas, esas que solemos ver como reliquias de un pasado intocable, aquí parpadean como si fueran líneas de código en una pantalla digital. Los adornos, que en la luz natural brillan con orgullo barroco, aparecen ahora recortados a contraluz, convertidos en siluetas misteriosas que podrían pertenecer a una nave espacial abandonada. Y sobre todo, ese brillo artificial —intenso, saturado, casi insolente— que cubre la basílica como una piel nueva, una piel que no pide permiso para existir.
Aishy no está simplemente reinterpretando un espacio. Está hackeando la percepción. Está diciendo: “Mira otra vez. Mira como si nunca hubieras visto”. Y en ese gesto hay algo profundamente beat, profundamente libre. Porque el ciberpunk, en el fondo, es una forma de vagabundeo: caminar por ciudades que no existen, perderse en luces que no iluminan nada real, abrazar la belleza de lo improbable.


San Pedro hackeado, la noche roja y azul del nuevo Vaticano.
La serie se sitúa en un punto imposible entre pasado y futuro. No es la Roma eterna ni la Roma del mañana: es una Roma paralela, una Roma soñada por un viajero que llegó demasiado tarde o demasiado pronto. Una Roma donde los peregrinos llevan implantes luminosos y los ángeles de mármol parecen custodios de datos encriptados. Una Roma donde la fe no se reza: se programa.
Y sin embargo, en medio de toda esa distorsión futurista, hay algo profundamente humano. Algo que late. Quizá sea la mirada de Aishy, que no busca destruir el espacio sagrado sino reimaginarlo. O quizá sea el hecho de que, incluso envuelta en neón, la basílica sigue siendo un símbolo de búsqueda, de misterio, de esa necesidad tan humana de mirar hacia arriba y preguntarse qué hay más allá.
La obra de Aishy bebe del “Cyberpunk, Nightlife”, sí, pero también de esa pulsión de transformar lo cotidiano en extraordinario. No es la primera vez que convierte un espacio extraño en una escena ciberpunk, y no será la última. Su web y su Instagram están llenos de estos universos paralelos donde la noche nunca termina y la luz siempre cuenta una historia.
Red Lights: Vatican no es solo una serie fotográfica. Es un viaje beat a través del tiempo, un poema eléctrico, una visión que se desliza entre lo sagrado y lo profano, entre lo real y lo imaginado. Es la prueba de que incluso los lugares más inmóviles pueden moverse si los miras con suficiente intensidad.
Y Aishy mira con intensidad. Con hambre. Con esa fiebre que solo tienen los que saben que la realidad es maleable, que el mundo es un escenario esperando ser reescrito en rojo y azul.
Para más información: portfolio.aishy.fr/work
El Vaticano arde en neón: Aishy lo reimagina en clave ciberpunk. Por Mónica Cascanueces.

