La startup francesa Ÿnsect, referente europeo en la producción de proteína a partir de insectos, ha entrado en liquidación judicial tras años de pérdidas y una inversión millonaria pública y privada que no logró traducirse en un negocio rentable.
La granja de insectos que devoró 200 M y murió de indigestión. La historia de Ÿnsect es una de esas tragedias modernas que harían reír incluso al viejo Hank, siempre tan aficionado a ver cómo los grandes planes se desmoronan como un borracho intentando subir un bordillo. Imagínate: la mayor granja de insectos de Europa, un monumento al optimismo tecnocrático, levantada con casi 200 millones de dinero público y más de 600 millones en total. Una montaña de billetes más alta que cualquier torre de gusanos que pretendieran criar. Y aun así, la cosa terminó como terminan casi todas las cosas demasiado ambiciosas: con un juez, un papel de liquidación y un silencio incómodo.
Los tipos de Ÿnsect prometían salvar el planeta con proteínas de bichos. Un menú digno de un motel de carretera a las tres de la mañana, pero envuelto en discursos verdes, sostenibles, casi místicos. Hasta Robert Downey Jr. se subió al carro, porque nada dice “futuro brillante” como un actor de Hollywood promocionando gusanos en el Super Bowl. Pero ni Iron Man pudo salvar esta nave.
La utopía verde que terminó aplastada por su propio gusano gigante.
El problema, claro, es que el mercado de los piensos no entiende de épica ni de salvación planetaria, entiende de precio. Y producir harina de insecto resultó ser más caro que alimentar a un gato con caviar iraní. Mientras tanto, la empresa saltaba de un mercado a otro como un tipo desesperado buscando monedas en los bolsillos: acuicultura, mascotas, humanos. pero solo un poquito, no vayamos a asustar a nadie. Esa falta de rumbo habría hecho sonreír a Bukowski: nada más poético que una empresa sin idea de quién es.
Luego vino la compra de Protifarm, la promesa de expansión, las cifras infladas, las pérdidas acumuladas, y finalmente Ÿnfarm, la megaplanta que devoró millones antes de producir algo remotamente rentable. Una apuesta de alto riesgo hecha demasiado pronto, como pedir matrimonio en la primera cita.
Y así cayó Ÿnsect: no por conspiraciones globalistas ni por el rechazo cultural a comerse un escarabajo, sino por algo mucho más simple y humano. Mala gestión, exceso de fe y una realidad económica que no perdona ni a los bichos.
La granja de insectos que devoró 200 M y murió de indigestión. Por John Headhunter.

