Un lugar donde uno come con calma y sin prisa, no hace falta adornarlo, basta sentarse, mirar la luz que cae sobre las mesas y esperar a que llegue el primer plato.
La Placeta Restaurant: tradición y sabor en cada bocado. Se encuentra dentro de Son Sant Jordi, un hotel de interior de Pollença asentado sobre casas del siglo XVII restauradas con paciencia y buen oficio. Hasta aquí llegan viajeros que buscan silencio, calma y el viejo encanto de uno de los rincones más hermosos del archipiélago balear.
Es un lugar donde el tiempo baja el ritmo y la autenticidad sigue teniendo valor. El pescado no se disfraza. Se sirve tal como llega del mar: piezas nobles de temporada, cocinadas al momento, a la plancha o a la espalda, según lo que mejor les convenga. La dorada y la lubina a la sal se preparan con respeto. Se nota en la textura, en la forma en que se abre la carne blanca, en el silencio que sigue al primer bocado. En La Placeta el producto manda. Llega a la mesa con el sabor intacto, como debe ser. Aquí no hay prisas. El fuego es lento, la técnica precisa y el respeto por el mar se siente en cada plato.
La Placeta no busca deslumbrar, solo ofrece buena comida, un ritmo más lento y la certeza de que algunas cosas, cuando se hacen con honestidad, perduran.
La lechona y la paletilla al horno con romero llegan a la mesa con ese aroma que no se inventa, que se gana con tiempo, paciencia y manos que conocen el oficio. Son platos que han sobrevivido a generaciones porque saben decir lo esencial, como las chuletas de cordero de la cooperativa de Pollença, que mantienen ese mismo pulso, el del respeto por el producto y del sabor que no se disfraza, aquí no hay artificio, solo el sabor que permanece y cada corte, entrecôte, solomillo o chuletón se sirve con guarniciones que acompañan sin distraer.
Y al final, cuando uno cree que ya ha terminado, llega la carta de postres. Don Pedro y Don Juan mezclan helado, whisky y frutos secos con la sencillez de las cosas que funcionan. El coulant de chocolate llega tibio, firme, con helado y nueces. Las crêpes se sirven flambeadas, con chocolate caliente o con helado de dulce de leche. Hay flan, tartas caseras, brownies, sorbetes y helados por bola. Todo termina en calma, aquí, el postre sabe despedirse. Al marcharte, queda la impresión de haber estado en un lugar que no necesita alzar la voz para hacerse recordar. Uno sale a la calle con el estómago lleno y el ánimo en paz, como si la isla hubiera hablado en voz baja y clara. Y eso basta.
Para más información: laplacetarestaurant.com
- ¿Cómo llegar y reservar? Carrer de Sant Jordi, 29, Pollença, Illes Balears (Mallorca)
La Placeta restaurant, tradición y sabor en cada bocado. Por Bernd Eldelbar.

