En la era digital la creatividad ya no se mide por su capacidad de emocionar o inspirar, sino por su rendimiento estadístico.
¿Creador de contenido o productor de contenido? En este ecosistema, el algoritmo actúa como un jefe invisible que decide qué merece ser visto y qué no. El creador se adapta a sus demandas sin que nadie se lo imponga explícitamente y sin saber con exactitud cuáles son los caprichos de un jefe al que no le puede reclamar.
Se autocensura, se repite, exagera emociones o polémicas para sobrevivir en un entorno que premia la cantidad y la retención del usuario sobre la profundidad. El creador deja de lado su creatividad para dar aquello que la teocracia algorítmica le exige para alcanzar el premio de la viralidad, alterando incluso su propia identidad por conseguir visualizaciones.
El creador de contenido es la versión gourmet del trabajador digital; el productor, su versión escondida. El primero encarna el sueño de libertad y fama; el segundo, la realidad invisible de la autoexplotación. Es el puré de patatas carente de glamour, un trabajador precario del siglo XXI que genera valor para un sistema que se sustenta en la falacia de la meritocracia digital.

En la era digital, unas pocas plataformas concentran un oligopolio de la atención. El usuario consume contenido gratuito, pero su tiempo y sus datos son el producto que se vende a las empresas publicitarias. TikTok, Instagram o YouTube no producen nada: extraen el trabajo de millones de productores que, sin salario ni derechos, mantienen en marcha las fábricas invisibles del capitalismo digital.
Si en la Revolución Industrial el empresario explotaba al trabajador, en la Revolución 4.0 es el trabajador el que se explota a sí mismo, convencido de estar persiguiendo un sueño. Las plataformas digitales se presentan como espacios de libertad, pero funcionan como las nuevas fábricas de la era digital. No exigen fichar ni imponen jefes visibles, pero operan con la lógica de la producción industrial: rendimiento constante, vigilancia algorítmica y competencia permanente.
El mensaje que lanzan las propias plataformas y gurús digitales es claro: si no triunfas, si no estás viviendo la vida de tus sueños, si con tu sueldo no te alcanza para comprarte un Lamborghini y hacerte un viaje a Dubai es porque te lo mereces.
El creador de contenido es la narrativa idealizada del éxito capitalista. En cambio, lo que realmente se ha democratizado han sido las falsas ilusiones.
¿Creador de contenido o productor de contenido? Por Juan Ferrete

