Una fotógrafa que se desdobla.
Anja Niemi y el arte de desdoblarse. Nació en Noruega, pero su espíritu parece haber sido moldeado en esas ciudades donde la noche se queda despierta para escuchar sus propios pensamientos: Londres, París, Nueva York. Tres estaciones, tres latidos, tres maneras de aprender a mirar el mundo como si fuera un espejo empañado por la respiración de los desconocidos. Y ella, siempre ella, avanzando como una viajera silenciosa, cargando una cámara que no apunta hacia afuera sino hacia el territorio más salvaje: su propio rostro, su propio cuerpo, su propia sombra.
En su serie “Starlets”, expuesta en The Little Black Gallery de Londres, Niemi se convierte en todas las mujeres que podría haber sido, en todas las que imaginó, en todas las que temió. No hay distancia entre autora y personaje: ella es la actriz, la directora, la guionista, la doble de riesgo, la que enciende las luces y la que se pierde en ellas. Cada fotografía es un fotograma de una película que no existe, pero que sentimos haber visto en algún cine abandonado de carretera, con olor a palomitas rancias y sueños rotos.

Kerouac habría dicho que Niemi es una de esas almas “locas por vivir, locas por hablar, locas por ser salvadas”, pero aquí la salvación no viene de la velocidad sino del desdoblamiento. Ella se multiplica para no desaparecer. Se interpreta para no volverse invisible. Se inventa para no morir de realidad.
Fotogramas de una vida que nunca ocurrió.
Las imágenes de “Starlets” tienen esa textura de los carteles de cine que se despegan en las esquinas húmedas de las ciudades. Son escenas congeladas, pero vibran como si estuvieran a punto de moverse, de respirar, de decir algo que no alcanzamos a escuchar. Niemi aparece una y otra vez, pero nunca es la misma. A veces es una mujer perdida en un motel de carretera; otras, una diva cansada que fuma mirando por la ventana; otras, una sombra que se esconde detrás de sí misma.
Hay tragedia, sí, pero también humor, ese humor extraño que aparece cuando la vida se vuelve tan absurda que solo queda reír. Niemi juega con la irrealidad como quien juega con una cuerda floja: un paso más y cae en el abismo, un paso menos y se queda atrapada en la rutina. Sus fotografías son un equilibrio imposible entre lo que somos y lo que fingimos ser.


La inspiración es intuitiva, dicen, pero yo creo que es más bien una especie de trance. Niemi parece entrar en un estado donde la realidad se vuelve maleable, donde el tiempo se estira como chicle y donde cada gesto tiene el peso de un secreto. Hay algo de David Lynch en todo esto: esa sensación de que lo cotidiano es solo una máscara, de que detrás de cada cortina roja hay un sueño que se derrite, de que la identidad es un acertijo sin solución.
La mujer que se mira desde afuera.
Lo más fascinante de Niemi es que no se limita a retratarse: se observa como si fuera otra. Se convierte en un personaje que la mira desde lejos, como si estuviera estudiando su propio fantasma. Y en ese juego de espejos, de duplicaciones, de silencios, aparece una verdad que no necesita palabras: todos somos muchos, todos somos máscaras, todos somos historias que nadie contó.


Estoy segura que Kerouac habría amado esta idea ya que vivía escribiendo para no perderse, pienso que habría encontrado en Niemi a una hermana espiritual, alguien que entiende que la identidad es una carretera interminable, llena de desvíos, de moteles baratos, de luces de neón que parpadean como advertencias. Alguien que sabe que la única manera de sobrevivir es seguir creando versiones de uno mismo, aunque ninguna sea definitiva.
“Starlets” no es solo una serie fotográfica: es un viaje. Un viaje hacia dentro, hacia ese lugar donde guardamos los personajes que nunca interpretamos, los sueños que no nos atrevimos a vivir, las vidas paralelas que imaginamos mientras esperábamos el autobús. Niemi los rescata, los viste, los ilumina, los convierte en protagonistas de una película que no necesita ser proyectada para existir.
Y al final, cuando miramos sus imágenes, sentimos que también nosotros podríamos ser esos personajes. Que también tenemos un guion secreto. Que también somos fotogramas de una historia que nadie escribió.
Para más información: anjaniemiphotography.com
Anja Niemi y el arte de desdoblarse. Por Mónica Cascanueces.

