La iconografía de Natasha Lelenco. En la aldea de Mallas, cerca de Fisterra, el viento del Atlántico rodea la Casa das Peritas, taller y hogar de la pintora Natasha Lelenco, nacida en Chi?in?u (Moldavia) en 1982 y establecida en España desde 2008. Allí, entre maderas, pinceles y paneles, la artista trabaja con una paciencia casi geológica, como si cada retrato fuera una pequeña excavación en la memoria humana.




Formada en Bellas Artes en Cluj Napoca, su pintura es ante todo figurativa, pero las figuras que aparecen en sus cuadros nunca son simples rostros. Son preguntas detenidas sobre la identidad, la consciencia y el azar que ordena o desordena una vida. En ellas conviven la memoria personal y la iconografía compartida, los ecos de la tradición ortodoxa y el brillo inmediato de la cultura digital.
Su obra avanza por series, como quien escribe capítulos de un mismo libro. Cada conjunto propone una regla, un ritmo, una forma de mirar. La repetición aparece entonces como un latido. Caras que vuelven una y otra vez, colores que chocan, deformaciones mínimas que abren grietas en la aparente estabilidad del retrato. Así cada panel funciona como una secuencia donde las imágenes dialogan entre sí y revelan un mundo atravesado por la lógica serial de nuestro tiempo.




Desde este pequeño lugar frente al océano, la obra de Lelenco ha viajado lejos. Ha estado en exposiciones de Europa y América, desde la Trienal de Tijuana hasta NordArt en Alemania o proyectos en Texas. Sin embargo, cada pintura conserva algo de su origen: el silencio del estudio, la luz atlántica entrando por la ventana y esa obstinación por mirar al ser humano como si todavía quedara en él un enigma por descifrar lentamente, con pintura y tiempo.


Porque en los rostros que pinta se intuye también nuestra propia máscara cotidiana, esa mezcla de fragilidad, ironía, deseo y representación que define la vida contemporánea. Frente a ellos, el espectador reconoce algo familiar y extraño a la vez, como si cada imagen dijera en silencio: aquí estás tú también.
Para más información: casadasperitas.com
La iconografía de Natasha Lelenco. Por Rococó de la Mer

