La desigualdad afecta tanto a las personas situadas en lo alto de la pirámide social como a aquellas situadas en la parte más baja.
Igualdad: un camino hacia un mayor bienestar para todos. Hace una década los epidemiólogos británicos Richard Wilkinson y Kate Pickett publicaron Desigualdad (Turner, 2009), un libro donde básicamente se planteaban esta pregunta: ser pobre en una sociedad rica es casi una garantía de infelicidad, pero, ¿es feliz el rico que vive en una sociedad rica?
Con 30 años de investigación para respaldar su respuesta, concluyeron que la desigualdad afecta a la inmensa mayoría de la población, no solo a una minoría pobre, y es la causa fundamental de los males de todas las sociedades.
Más allá de que la pobreza relativa afecte las habilidades cognitivas, la percepción del estatus influye inconscientemente tanto en nuestro rendimiento como en la percepción que tenemos de nuestra propia valía, incluyendo aquí variables como la clase, el género o la etnicidad. «Un estudio en La India muestra que los niños de castas superiores e inferiores obtienen resultados similares cuando desconocen esta información, pero una vez saben a qué casta pertenecen las diferencias aparecen», aseguró Wilkinson.
¿Por qué unas sociedades presentan índices de enfermedad mental mucho más altos que otras? Y ¿por qué algunas han visto dispararse los niveles de ansiedad y depresión en las últimas cuatro décadas? ¿Por qué los estadounidenses tienen el triple de posibilidades que los holandeses de desarrollar problemas con el juego? ¿Por qué el bienestar infantil es muy inferior en Nueva Zelanda que en Japón?
Como demuestra este rompedor estudio, la respuesta a todas estas preguntas reside en la desigualdad. Wilkinson y Pickett describen cómo nos afecta individualmente, cómo altera el pensamiento, las emociones y la conducta.
Presentan pruebas abrumadoras de que las desigualdades materiales tienen profundas consecuencias psicológicas: cuando la brecha entre ricos y pobres se ensancha, crece la tendencia a definirnos y valorarnos, a nosotros mismos y a los demás, con criterios de superioridad e inferioridad. Y cuestionan el concepto de que los seres humanos son por naturaleza egoístas y competitivos, y también la idea de que la desigualdad es resultado de las diferencias «naturales» de capacidad individual.

Este libro demuestra que las sociedades basadas en la igualdad, la reciprocidad y la voluntad de compartir generan niveles de bienestar muy superiores, a la vez que nos muestra el camino que conduce hasta ellas.
Para más información sobre los autores de «Igualdad»
Igualdad: un camino hacia un mayor bienestar para todos


