Montesión Wine Estate produce del único viñedo biodinámico certificado por Demeter en Mallorca.
En algún lugar entre los caminos perdidos de Porreres, allí donde la tierra respira hondo y el viento parece contar historias antiguas, se levanta Montesión Wine Estate. Un rincón escondido en el corazón de Mallorca, guiado por las manos sabias de la familia Feliu, que trabaja la tierra como quien escucha un latido. El nombre viene del viejo Monasterio de Montesión, un refugio del siglo XIII que aún vibra con ecos de plegarias, pasos descalzos y silencios luminosos. Su claustro pentagonal —único en la isla— guarda una energía que se siente más que se explica, como si el tiempo allí caminara más despacio, o más profundo.
Cuando los jesuitas llegaron a Mallorca, allá por el siglo XVI, encontraron en la capilla de Nuestra Señora de Montisión un hogar para su misión. Donde antes hubo una sinagoga, levantaron un centro de pensamiento, palabra y acción. Un lugar donde la espiritualidad se mezclaba con la vida cotidiana, como el vino con la tierra. Y es precisamente esa mezcla, esa alquimia entre lo visible y lo invisible, la que define los vinos de Montesión. Cada vid, cada uva, cada gota se cultiva siguiendo los ritmos del cosmos, como si la luna fuera una vieja amiga que susurra cuándo podar, cuándo vendimiar, cuándo dejar que la naturaleza hable. Aquí no se fuerza nada: se acompaña. No se domina: se escucha. El viñedo es un organismo vivo, un pequeño universo donde plantas, animales, suelos y personas laten al mismo compás.
Carlos Feliu, agrónomo, viticultor y guardián de este ecosistema, trabaja la tierra con una paciencia antigua. Cuenta historias como la del cuerno de vaca enterrado en invierno, lleno de estiércol que meses después se convierte en un humus oscuro, fragante, casi sagrado. “No es magia, dice, es vida”. Y uno le cree. En primavera, una fina preparación de sílice ayuda a la planta a conversar con la luz. Nada de nitratos sintéticos ni atajos industriales: aquí la vid crece en equilibrio, no en exceso. Y cuando llega la vendimia, las uvas hablan. No gritan. Susurran verdades profundas: menos cantidad, más alma. El vino que nace de ellas lleva dentro el paisaje entero.
Los animales también participan en este equilibrio: insectos que polinizan, aves que controlan plagas, ovejas que pastan entre las hileras y devuelven nutrientes al suelo. Todo está conectado, todo se retroalimenta, todo fluye. Es un ecosistema que se cuida a sí mismo, donde el ser humano no impone, sino que acompaña. Un lugar donde la agricultura deja de ser una técnica para convertirse en una forma de estar en el mundo.
Y cuando llega el momento de la cosecha, no se trata solo de recoger uvas, las manos que cortan los racimos saben que están tocando el resultado de un año entero de conversaciones entre la luna, la tierra y la vid. Cada fruto lleva dentro la historia de su ciclo, la energía de su entorno, la huella de un paisaje que se expresa sin palabras.
Por eso los vinos de Montesión Wine Estate no son solo vinos, son la traducción líquida de un ecosistema que funciona como un organismo completo, un poema biodinámico donde cada elemento, suelo, planta, clima, cosmos, aporta una sílaba. Y al final, cuando la copa se acerca a los labios, uno siente que bebe algo más que vino: bebe un instante de la naturaleza en equilibrio.
Las uvas se cosechan en armonía con los ciclos lunares, siguiendo una filosofía holística que considera el viñedo como un ecosistema vivo e interconectado, un pequeño universo que respira, late y se transforma con cada fase de la luna. No es solo agricultura: es una conversación silenciosa entre la tierra y el cielo, un pacto antiguo que se renueva cada temporada.
Cuando la luna crece, la savia sube; cuando mengua, la planta descansa. Y los viticultores de Montesión escuchan esos ritmos como quien sigue el compás de un viejo jazz que nunca falla. Aquí nada se hace por inercia. Cada decisión, podar, regar, vendimiar, se toma observando el pulso del cosmos, como si el viñedo fuera un organismo sensible que responde a la luz, a la gravedad, al misterio. Las raíces se hunden en un suelo que no es solo tierra, sino memoria: restos de plantas, minerales, microorganismos que trabajan en silencio, creando una red invisible que sostiene la vida. Sobre esa red, las vides crecen como si supieran que forman parte de algo más grande, algo que no se puede medir pero sí sentir.






Los vinos de Montesión parecen nacer del susurro antiguo de la tierra, como si cada cepa guardara un secreto que solo se revela al descorchar la noche. El Cabernet Sauvignon Amphorae respira hondo, lento, con ese pulso arcilloso que recuerda a caminos sin mapa. El Gran Reserva cae en la copa como un sol que se apaga, dejando brasas de historias que nunca terminan de contarse. El Montesión Callet Limited Edition 2007 es un latido viejo, un poema enterrado que vuelve a la superficie con cada sorbo.
Los Montesión Rose Cuvée 2024 y Montesión Syrah Amphora 2021 corren ligeros, casi transparentes, como brisas que rozan la piel y se escapan antes de atraparlas. Y en el fondo, como un rugido contenido, el Montesión Cuvee Noir Callet/Merlot Limited Edition y el Montesión Selección Privada GR guardan la intensidad de las noches en que uno decide no volver temprano, porque el mundo, por un instante, parece más ancho, más vivo, más nuestro.
En Montesión, el aceite no es un producto, es un ritual.
Además del vino, Montesión produce un aceite de oliva virgen extra que es casi un poema líquido, el Aceite Montesion – Early Harvest 500ml, un verso que se desliza por la lengua como si la tierra misma recitara su verdad más íntima. Es Arbequina pura, pequeña y luminosa, una aceituna que parece guardar dentro el sol de Mallorca, ese sol que cae lento sobre los campos y despierta los aromas más antiguos. Se cultiva sin pesticidas, sin artificios, sin nada que rompa el diálogo secreto entre la raíz y el suelo. Orgánico, biodinámico, fiel a la tierra como un viejo amigo que nunca traiciona.

El Son Naava Olive Oil parece contener en su interior la luz dorada de Mallorca, como si cada gota fuera un destello arrancado al sol. Es un aceite que no solo nutre, sino que cuenta historias: del viento que peina los olivos centenarios, de la paciencia del tiempo, de manos que cosechan con respeto. En la boca es un susurro verde, limpio, vibrante, que recuerda a hierba recién cortada y a almendros en flor. Suave pero con carácter, deja una estela cálida, casi meditativa, como un paseo lento al atardecer entre bancales de piedra y silencio antiguo.
Las aceitunas se recogen cuando la luna lo susurra, cuando el árbol lo permite, cuando la tierra está lista para entregar su fruto sin forzarlo. Luego se prensan con la delicadeza de quien sostiene algo sagrado, porque aquí cada gesto importa, cada movimiento tiene un propósito. Nada se desperdicia, nada se acelera. La biodinámica exige escuchar, y ellos escuchan.
El resultado es un aceite que no grita, sino que murmura. No busca impresionar, sino revelar. Su aroma es limpio, casi transparente, como si llevara dentro la memoria de los campos que lo vieron nacer. En la boca es suave pero firme, con un toque vegetal que recuerda a hierba recién cortada y un final que se queda contigo, como una frase que no puedes olvidar. Dicen que un buen aceite es como un buen libro que te acompaña, te transforma un poco, te deja pensando. El aceite de Montesión tiene esa cualidad. Es un pequeño universo embotellado, un recordatorio de que la tierra, cuando se la respeta, devuelve regalos que parecen milagros.
La experiencia.
Mallorca Restaurant Week nos llevó hasta este lugar, donde agricultores y restauradores se encuentran para ofrecer un producto que no solo es excelente, sino profundamente mallorquín. Un vino que no solo se bebe: se vive. La bodega familiar trabaja 18 hectáreas de viñedo ecológico y biodinámico. Todo, desde la uva hasta la botella, ocurre en la finca. Nada se improvisa. Nada se acelera. La biodinámica exige rigor, respeto y una sensibilidad que no todos poseen.
En Can Feliu puedes recorrer la bodega, escuchar el proceso, tocar la tierra, oler el vino antes de nacer. Luego llega la cata: vinos o aceites, comparando variedades, descubriendo matices. Todo al aire libre, entre viñedos y animales en libertad. Una experiencia sensorial que se expande, como un pensamiento que no quiere terminar.
Para más información: montesionwineestate.com
- ¿Cómo llegar y reservar? Camí de Sa Serra, Km 1, 2, Porreres, Illes Balears (Mallorca)
Los vinos biodinámicos de Montesión Wine Estate. Por Bernd Eldelbar.

