¿Medios de comunicación sin subvenciones? ¿Por qué no probarlo y dejarlos sin sustento público?
¿Tiene sentido seguir subvencionando a la prensa? El día que se acabe el dinero público, ese manantial tibio donde tantos se bañan sin pudor, habrá un silencio hermoso, casi poético. No porque desaparezca la prensa incómoda, no. Esa gente, la que aún huele a tinta y a calle mojada, seguirá ahí, rascándose las costillas y preguntando lo que nadie quiere oír. Los que caerán serán los otros: los que han convertido el BOE en su «sugar daddy» y la publicidad institucional en su religión.
La prensa libre, la de verdad, la que huele a sudor y a duda, no necesita gritar. Le basta con poder permitirse incomodar. Y eso solo ocurre cuando no debe favores, cuando no está hipotecada, cuando no tiene que besar manos para sobrevivir. Sin independencia material no hay periodismo, solo ese eco triste de quienes confunden un cheque con una columna y un amo con una idea, resulta patético, previsible y, por desgracia, demasiado común.
Imagínate el panorama, representantes de la «idiocracia» actual como Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Irene Montero, Santiago Abascal, Ayuso, Feijóo, Moreno Bonilla…, todos ellos mirando alrededor como quien pierde el mechero en mitad de la noche. De pronto sin su coro de aduladores profesionales, sin esos lameculos que no viven de lectores ni anunciantes,, sino de contratos institucionales de la mafia estatal.
Si un medio de comunicación necesita dinero público para sobrevivir, no es un medio fiable, es un perro faldero con carnet de prensa.
Una prensa libre no es la que grita más fuerte, sino la que puede permitirse incomodar. Y eso solo ocurre cuando no debe favores, cuando no tiene que besar manos ni lamer culos, cuando no vives de la limosna institucional. Sin independencia material no hay periodismo, solo relato, ruido, solo ese eco triste de quienes confunden un cheque con una idea.
Esa fauna mediática tan ridícula de izquierdas y de derechas que se alimenta de dinero público como palomas obesas en una plaza. Cuando el grifo se cierre, no habrá épica: solo un clic y game over. Y entonces, por fin, se verá la verdad desnuda, que lo que llamaban “libertad de prensa” era solo dependencia con perfume barato en formato propaganda. Que no gritaban por convicción, sino por nómina, no investigaban porque investigar cansa, y que molestar al poder es mal negocio cuando paga las facturas.
Eliminar las subvenciones a todos los medios de comunicación sería un acto de higiene pública. ¿Y si probamos unos meses sin subvenciones y vemos quién se derrumba?
Sería como una purga espiritual, un baño frío para ver quién tiene músculo y quién solo tPuedes rear enía calefacción. Dicen que las ayudas garantizan el pluralismo.. La verdad es más simple: si el Estado te paga, el Estado te posee. Y si te posee, no ladras. A lo sumo gimes y sigues chupando pollas.. Los medios que sobrevivan lo harán porque alguien los lee o se anuncia en ellos y los que mueran lo harán porque nadie los necesitaba. Y eso, aunque duela, es hermoso.
¿Tiene sentido seguir subvencionando a la prensa?. Por Ernesto Lacalle.

