La única manera de leer, según Jorge Luis Borges.
«Si un libro te aburre, déjalo» La lectura es un placer que nos invita a tener otras experiencias y a conectarnos con sensaciones y sentimientos que no podemos vivir en una sola vida. Pero también implica un esfuerzo mental e intelectual y la inversión de ese tiempo que se ha convertido en nuestro bien más preciado. Por lo tanto es algo que debe provocarnos absoluta felicidad. Algo que merezca la pena. En una entrevista que Jorge Luis Borges concedía en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires en 1979, el famoso escritor, poeta, ensayista y traductor argentino decía lo siguiente:
«Creo que la frase lectura obligatoria es un contrasentido; la lectura no debe ser obligatoria.
¿Debemos hablar de placer obligatorio? ¿Por qué? El placer no es obligatorio, el placer es algo buscado. ¡Felicidad obligatoria! La felicidad también la buscamos.
Yo he sido profesor de literatura inglesa durante veinte años en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y siempre les aconsejé a mis estudiantes: si un libro les aburre, déjenlo; no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo; aunque ese libro sea el Paraíso Perdido —para mí no es tedioso— o El Quijote —que para mí tampoco es tedioso—. Pero si hay un libro tedioso para ustedes, no lo lean; ese libro no ha sido escrito para ustedes.
La lectura debe ser una de las formas de la felicidad, de modo que yo aconsejaría a esos posibles lectores de mi testamento —que no pienso escribir—, yo les aconsejaría que leyeran mucho, que no se dejaran asustar por la reputación de los autores, que sigan buscando una felicidad personal, un goce personal. Es el único modo de leer
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899-Ginebra, 14 de junio de 1986) fue escritor, poeta, ensayista y traductor. Pero, sobre todo, fue un hombre sin etiquetas, un alma que fluía por los confines de la narración y los expandía a su antojo. Su marcada y crítica personalidad también salía a la luz como lector. Él mismo presumía más de lo que había leído que de lo que había escrito. Tenía una memoria prodigiosa y por ello sus juicios literarios siempre fueron tomados en cuenta.
«Si un libro te aburre, déjalo» Por Walter Ego

