Cada figura parece suspenderse en un instante revelador, como si el lienzo fuese un escenario donde las emociones se atreven a pronunciar su nombre.
Patricia Paz y sus personajes que guardan historias fascinantes. En su obra dominan los colores vibrantes, encendidos como brasas hay en esas miradas una memoria latente, un eco de pensamientos y escenas cotidianas que marcaron el pulso de su biografía. La artista pinta para dar voz a lo que alguna vez quedó en silencio, a personas y situaciones pasadas que dejaron una huella indeleble.
En ese gesto de rescate hay también una búsqueda de sentido: comprender por qué ciertos episodios fueron necesarios para descifrar otros misterios del tiempo. El color, aplicado con acrílico u otras técnicas, se convierte en puente entre la emoción y la materia.




«Mi visión creativa, la forma en que utilizo el pincel y mis manos, pretende desafiar la percepción de la realidad y replantear ciertos dogmas estéticos», afirma.
Aunque algunas obras insinúan un trasfondo melancólico o reivindicativo, el toque naif y pop que las atraviesa transforma la experiencia en una luminosa afirmación. El espectador no sale indemne, pero sí acompañado por una sensación de complicidad y esperanza.
Patricia Paz desarrolla proyectos de pintura e ilustración, y participa en intervenciones artísticas, portadas y exposiciones tanto colectivas como individuales. En citas recientes, como la Feria de Arte Hybrid de Madrid o la Residencia RARA en Málaga, su trabajo ha confirmado una voz propia, vibrante y necesaria, capaz de convertir la intimidad en relato compartido.
Tanto en sus pinturas como en sus esculturas no busca el hiperrealismo de las figuras, sino el trazo espontáneo. En sus esculturas deja la huella de sus manos. Paz no trabaja con moldes, por lo que intenta ser fiel a la realidad, incluso más que con la pintura al óleo, otorgando a sus esculturas un toque torpe e imperfecto, con cierto sentido cómico. «Al fin y al cabo, no todo en la vida es tan perfecto, ¿verdad?», afirma.

También en tres dimensiones, Patricia Paz utiliza la ironía para modelar un cuchillo con la inscripción «How to survive modern art» y reinventa sus icónicas botas cowboy, que fueron un éxito desde la primera vez que las expuso en Casa Sostoa.



En cada trazo persiste la convicción de que el arte puede iluminar zonas oscuras y reconciliar contradicciones, ofreciendo al mundo una cartografía sentimental donde lo frágil encuentra abrigo y lo efímero adquiere permanencia. Así su pintura late como un corazón atento al rumor humano y a la belleza secreta de lo cotidiano.
Sobre la artista
Patricia Paz (Málaga, 1991) es una pintora e ilustradora que ha hecho del color un idioma íntimo y deslumbrante. Formada entre aulas universitarias y el máster en dirección de arte cursado en la Chelsea College of Arts de Londres, su mirada se expandió hacia horizontes donde la sensibilidad dialoga con la audacia.
Para más información sobre Patricia Paz
Patricia Paz y sus personajes que guardan historias fascinantes. Por Inanna Annani

