Vivimos en la era de la información, pero también en la era del ruido.
La ignorancia en tiempos de bulos y sobreinformación. TikTok, redes sociales y titulares fugaces nos dan la sensación de saberlo todo sin conocer realmente nada. Isaac Asimov ya lo anticipó hace más de cuarenta años en su ensayo El culto a la ignorancia: no solo se niega el conocimiento, sino que se ridiculiza, disfrazado de una falsa democratización del saber.
La idea es perturbadora en su sencillez: «Mi ignorancia vale tanto como tu conocimiento». Como si cuestionar, aprender o razonar fueran gestos elitistas y sospechosos. En esta lógica distorsionada, la inteligencia es el enemigo y la mediocridad se convierte en bandera de libertad.
Asimov advertía que el derecho a la información pierde sentido sin las herramientas para comprenderla. ¿De qué sirve una prensa libre si los matices confunden y las palabras largas asustan? Hoy, la sobreexposición informativa ha mutado la ignorancia: ya no se trata solo de no saber, sino de estar ahogados en fragmentos desconectados, en flashes de conocimiento efímero que no dejan espacio para el pensamiento crítico.
El escepticismo que antes rechazaba a los libros y a los expertos ha evolucionado. Ahora, la desconfianza se dirige a cualquier cosa que exija un mínimo esfuerzo intelectual. En las redes, todas las opiniones pesan lo mismo, independientemente de si están basadas en datos o en corazonadas.
La información, como la luz, no siempre ilumina. A veces, ciega. En un mundo donde diez vídeos pueden convertir a cualquiera en un “experto”, la complejidad de las ideas se aplana hasta volverse caricaturesca. Es una imagen rota, sin contexto ni raíces, donde el conocimiento profundo es sustituido por impresiones fugaces.
Asimov no se limitó a señalar el problema, sino que dejó una clave para resistir: hacer del aprendizaje un valor social. Mientras comprender el mundo siga considerándose un lujo elitista, la democracia será un espejismo. Solo cuando la curiosidad y el pensamiento crítico sean motivo de orgullo, el conocimiento dejará de ser un acto de resistencia.
La ignorancia en tiempos de bulos y sobreinformación. Por Silvia García

