Lejos de la cita nostálgica, Morgan construye escenarios eufóricos y extrañamente presentes, donde el tiempo parece suspendido y la piel se convierte en paisaje.
Jenny Morgan: explorando la fragilidad, el deseo y la percepción. Su obra dialoga abiertamente con la historia del arte. Se perciben ecos de los desnudos reclinados venecianos, la sensualidad lúdica del rococó y ciertas composiciones clásicas, reinterpretadas desde una mirada contemporánea.

La retratista contemporánea Jenny Morgan desarrolla una pintura figurativa etérea en la que los cuerpos parecen surgir y disolverse al mismo tiempo. Sus obras, de cualidad casi diáfana, están habitadas por figuras hiperrealistas que entran y salen de foco, se funden con el paisaje o se difuminan suavemente en una neblina pictórica. Esta ambigüedad visual genera una experiencia hipnótica, donde la presencia y la desaparición coexisten.
En su pintura existe una tensión precisa, casi cortante, entre calma y riesgo.
El trazo de Morgan puede ser rápido y expresivo o invisible y exacto, siempre controlado con una precisión deliberada. Esa dualidad técnica refuerza la sensación de inmediatez emocional y revela una profunda comprensión del cuerpo humano como territorio sensible y mutable.




Nacida en 1982 en Salt Lake City, Utah, Jenny Morgan obtuvo una licenciatura en el Rocky Mountain College of art and design en Denver y un MFA en la School of visual arts de Nueva York. En 2017 presentó su primera exposición individual en un museo, Skin Deep, en el Museum of Contemporary Art Denver. Desde entonces ha realizado exposiciones individuales en ciudades como Nueva York, Londres…

Su pintura invita a una mirada lenta, atenta y corporal, donde el espectador no solo observa, sino que respira con la imagen y participa activamente de su silenciosa intensidad emocional contemporánea actual.
Para más información: jennymorganart.com
Jenny Morgan: explorando la fragilidad, el deseo y la percepción. Por Blanché LaForét

