Entre chamanes, sombras y la búsqueda de sentido.
El viaje espiritual en Brasil de Marina Abramovic buscando algo que nadie sabe nombrar. Quizá paz, quizá redención, quizá solo un buen puñetazo espiritual que la saque de sí misma. En The Space In Between, la ves caminar por esos paisajes interminables como si cargara con todos los fantasmas del mundo. Y tal vez los carga. Todos cargamos con alguno, pero ella los exhibe sin pudor, como si fueran parte del uniforme.
En Vale do Amanhecer, entre colores chillones y devotos que parecen salidos de un sueño febril, Marina observa, respira, se deja tocar por la rareza del lugar. No juzga. Solo mira. Y eso ya es bastante. Luego están los curanderos, los sabios, los chamanes, toda esa gente que dice tener respuestas. Ella los escucha como quien escucha a un viejo borracho en un bar: con paciencia, con sospecha, con un poco de esperanza. Porque a veces el borracho acierta.
En Abadiânia, el paisaje se abre como una herida. Todo es grande, silencioso, demasiado honesto. Allí participa en rituales que huelen a tierra húmeda y superstición. Se deja llevar. Se deja romper. Y en Chapada dos Veadeiros, entre cataratas que rugen como bestias antiguas, parece que por fin encuentra un respiro. O algo parecido.
El documental de Marco Del Fiol no intenta embellecer nada. No falta música cursi ni discursos grandilocuentes. Solo Marina, su cuerpo, su memoria, su dolor. Una road movie espiritual, dicen. Yo diría que es una mujer intentando no perderse del todo. Y eso ya es una odisea. La cámara la sigue sin invadirla, como un perro fiel que sabe cuándo acercarse y cuándo apartarse. Y en ese espacio entre ella y el mundo —ese espacio en medio— ocurre la magia. O la locura. O las dos cosas. Al final, lo que queda es simple: una artista buscando sentido en un país que arde de vida. Y quizá, solo quizá, encontrándolo por momentos.
Para más información: marinaabramovic.com
El viaje espiritual en Brasil de Marina Abramovic. Por John Headhunter.

