Hudson crea imágenes cautivadoras que en muchas ocasiones se inspiran en el trabajo de los grandes maestros del pasado hasta la primeras formas de Modernismo.
Alex Hudson, obras con una carga psicológica. Cuando se mira su trabajo se produce una sensación simultánea de extrañamiento y familiaridad —su imaginario es intencionadamente ambiguo lo que permite al artista flirtear con nociones de pertenencia y desplazamiento.

El trabajo del Alex Hudson es una investigación conceptual sobre la pintura en sí misma, un entramado de ideas y referencias veladas que cristalizan en escenas, retratos o paisajes donde alegorías y ideas filosóficas coexisten con imágenes llenas de humor, explícitas y vulgares. Hasta los motivos más anecdóticos encuentran su sitio en las composiciones de Alex Hudson —es efectivamente su refinada técnica lo que hace que cada obra sea toda una experiencia visual.
Hudson imbuye toda su obra con una carga psicológica que se intensifica por los personajes y escenas representados los cuales tienden a ser marginados, acróbatas o nómadas realizando actividades del orden íntimo o doméstico.




Algunos pintores comienzan con una visión y luego se ponen manos a la obra […] La pregunta candente aquí no es qué pintar, ni siquiera por qué pintar ahora, sino cómo hacerlo: no como un problema (los problemas son para los expertos, los historiadores), sino como una cuestión constantemente renovada y vivida de tácticas y técnicas. ¿Cómo pintar ahora, en un mundo ordenado por la comunicación visual y, en consecuencia, despojado de lo que los esquimales llamaban visiones? ¿O cómo liberar la práctica y los procesos de la pintura del imperativo de simplemente devolver el orden visual del mundo a sí mismo, y restaurar su potencial para hacerlo ver de nuevo?” John Kelsey, ‘Big Joy Time’, Rich Text: Selected Writing for Art, 2010.

Para Alex Hudson, esta cuestión del «cómo» se convierte en «¿qué debería hacer la pintura?». Y al evitar «simplemente devolver el orden visual del mundo sobre sí mismo», examina minuciosamente la propia imaginería pictórica. Su práctica a menudo detalla «pinturas dentro de pinturas», ofreciéndonos un ensamblaje activo del mundo a través de un mosaico histórico de imágenes pictóricas preexistentes, cuyos códigos son revisitados desde una perspectiva contemporánea.
En este cuerpo de trabajo, las imágenes que Hudson utiliza para desarrollar la composición y el contenido de una pintura determinada provienen de su propia experiencia de contemplar pintura, principalmente desde el Siglo de Oro neerlandés hasta los primeros momentos del siglo XX.


Su enfoque aquí recae en el retrato humano, la contorsión corporal, el paisaje y la animalia, muestreando con destreza y curiosidad momentos clave en los archivos histórico-artísticos de la pintura. En ellos es evidente un interés por revisitar convenciones sociales como los títulos, el vestuario y la relación del hombre con animales domésticos y raros —antes indicativos de estatus social— que enriquecen reflexiones sobre el nomadismo, el «autocuidado» y el simbolismo del memento mori, lo fantástico y lo mítico.
Para más información: galeriafermay.com
Alex Hudson, obras con una carga psicológica

