El interés por el hidromiel en la mixología es más que una tendencia pasajera, es un renacer de tradiciones con un giro moderno.
Mandragora Hidromel y el auge en la mixología contemporánea. Explorar el hidromiel en la mixología contemporánea es como abrir un libro viejo que aún huele a humo, miel y caminos polvorientos, pero cuyas páginas alguien ha subrayado con rotulador fluorescente. Hay bebidas que regresan no por nostalgia, sino porque el mundo moderno, con toda su prisa y su artificio, empieza a cansarse de sí mismo. Y ahí aparece el hidromiel, ese fermentado milenario que Mandragora Hidromel elabora con una honestidad casi brutal: agua de manantial, miel local, cero trucos, cero maquillaje. Una rareza en tiempos de etiquetas que prometen más de lo que dan.
Mandragora Hidromel no es solo una marca; es una microbodega familiar pionera en las Islas Baleares con la misión de rescatar la bebida más antigua de la humanidad y devolverle su dignidad líquida. Su filosofía se sostiene sobre tres pilares: artesanía, sostenibilidad e innovación. Elaboran cada botella de forma artesanal, con ingredientes naturales de temporada y miel de calidad, sin conservantes ni aditivos. Son apicultores ecoS.O.Stenibles, comprometidos con el rescate de abejas en zonas de riesgo y el uso de materiales respetuosos con el entorno. Y como jueces internacionales de hidromiel, no se conforman con repetir fórmulas: buscan nuevos sabores sin traicionar sus raíces.
Mandragora Hidromel no vende nostalgia, vende presente con memoria. En este contexto, el hidromiel no es solo una bebida que vuelve: es una declaración de principios. Su entrada en la coctelería moderna no es capricho, es consecuencia de una búsqueda colectiva por lo auténtico, lo natural, lo complejo sin artificio. Y cada sorbo es una invitación a repensar lo que entendemos por sabor, por ritual, por celebración. Porque cuando el mundo se acelera, hay quien decide fermentar la pausa.

En las barras más inquietas, el hidromiel está dejando de ser un susurro arqueológico para convertirse en un ingrediente que despierta curiosidad y respeto.
Los bartenders lo miran como quien encuentra una herramienta olvidada pero perfecta, dulce sin empalagar, ácido sin agresión, alcohólico sin estridencias. Un líquido que se mueve entre el vino blanco, la sidra seca y un sake floral, pero que no imita a ninguno. Tiene su propio pulso, su propio carácter, su propia forma de decir “aquí estoy”.
La versatilidad del hidromiel es su arma secreta ya que puede ser amable o punzante, frutal o especiado, ligero o profundo, todo depende de su fermentación, de la miel, del origen. Y esa elasticidad lo convierte en un aliado ideal para la coctelería contemporánea, que vive obsesionada con encontrar sabores que cuenten historias sin caer en el artificio. Preparar cócteles con hidromiel no es mezclar por mezclar; es un ejercicio de respeto, casi un pacto entre tradición y vanguardia.
Su entrada en la coctelería no es moda pasajera, es consecuencia de un cambio de mirada con más tiendas especializadas, más deseo de productos naturales, más interés por bebidas menos alcohólicas que no renuncian a la complejidad. En un mundo donde los vermuts, las kombuchas y las cervezas ácidas ya reclaman protagonismo, el hidromiel encuentra su sitio sin pedir permiso. Y lo hace con la calma de quien sabe que lleva miles de años esperando este momento.
Para más información: mandragorahidromel.com
Mandragora Hidromel y el auge en la mixología contemporánea. Por Bernd Eldelbar.

