La campaña que confirma lo obvio, el placer es un oficio.
Madrid Fusión 2026: ”Sexo y gastronomía» . La feria gastronómica ha decidido mezclar sexo y gastronomía como quien mezcla whisky barato con un cigarrillo a medio apagar: sin pedir permiso, sin disculparse, sin miedo a que alguien se atragante. La campaña dice que los amantes de la comida son mejores amantes, y quizá tengan razón. Al final, todo se reduce a lo mismo: hambre, deseo, manos que buscan algo que llevarse a la boca, o al alma, o a cualquier parte que duela menos.
La agencia &Rosàs ha parido una campaña “explícitamente deliciosa”, como si la explicitud fuera un pecado menor comparado con la tibieza que suele gobernar este mundo de anuncios pulidos y sonrisas falsas. Aquí no hay sonrisas: hay bocas. Bocas abiertas, bocas húmedas, bocas que muerden. Hay manos que tocan la comida como si fuera piel, y piel que podría ser comida. Todo filmado con un voltaje estético que haría sonrojar a más de un santo y excitaría a más de un pecador.
Dicen que comer es entregarse. Yo digo que comer es sobrevivir. Pero quizá tengan razón ellos: en esa entrega hay algo parecido al amor, o al menos a su sombra más carnal. Los buenos amantes —los de verdad, no los de revista— saben perderse en un plato igual que en un cuerpo. Saben lamer, oler, esperar, devorar. Saben que el placer no es un lujo, sino un derecho.
El spot de María Sosa se mueve entre texturas y metáforas como un gato callejero entre piernas desconocidas: con elegancia, con descaro, con hambre. Y la campaña entera respira esa libertad sucia y luminosa que solo aparece cuando alguien deja de fingir.
Madrid Fusión lanza un guiño a su gente, dicen. Yo lo veo más como un mordisco suave en el cuello: una invitación a entrar, a probar, a sentir. A recordar que, al final, todos somos animales buscando calor, comida y un poco de compañía que no duela demasiado.
Madrid Fusión 2026: ”Sexo y gastronomía» . Por Bernd Eldelbar.
Publicado originariamente en Infomag Madrid.

