La regla crítica: La lechera sin cuento ni leches. Pis. Ducha. Secado y desodorante roll-on. Calzoncillos, calcetines, pantalón pitillo negro y un pitillo. Camiseta, zapatos y una calada antes de emperifollarme, ponerme algo por encima, coger mis cosas e irme al concierto de una de mis bandas favoritas. Colilla, cera efecto mate, adhesivo dental, cepillado y enjuague bucal. Llaveros con llaves.
Cartera. Winston, dos paquetes. Mechero, también dos, por si le dejo uno a alguien y me lo jode sin querer. Pañuelos de papel. Móvil y cargador por ser previsor. Terre d’Hermès detrás de las orejas, en las muñecas y en el cuello.
Más pis. Chubasquero charol de color rojo. Beso a mi mujer y ascensor. Auriculares inalámbricos para ir con Los Ilegales hasta el parking. Coche. Encendido de motor, luces y cigarrillo. Cinturón. Primera, segunda, intermitente a la derecha, tercera, cuarta y quinta. Carretera y manta. Estacionamiento. Gafas de montura roja para la ocasión.
Paso ligero. Veinte pavos de entrada y quince minutos para evitar el cuño de ganado en la piel. Saludos y Jägermeister para una noche de blanco satén.
Otra vez pis. Conversaciones. Tabaco. Risas. Bailes. Luces. Procesión de músicos. Tres horas de reloj. Brindis de camerino y mi grupo al escenario. Probando micros.
Afinando cuerdas. Afilando baquetas. Calentando motores y soñando en colores. La vida en un plis. Un tranvía llamado deseo. Al este del edén. Con faldas y a lo loco. Like a Rolling Stone. Podemos ser héroes un día nada más. Yo soy quien espía los juegos de los niños. Los Atunos Rojos. Un ataque preventivo de la URSS. Soñar, nadar y volar.
Cuarto pis. Primer compás de rock. Se desenchufan los equipos. Se suspende. Se cancela. Todo a la mierda por un error de programación. Y la muerte en un plas. Y un encargado más tonto que hecho de encargo. Y es lo que hay. Y el silencio de los corderos. Y que os follen. Y hasta luego Lucas. Y sin los buenos modales que lo arreglan todo. Y sin tragar saliva. Y a la puta calle. Y a ordeñar la vaca. Y no se devuelve la pasta de los tickets. Y se aprietan las nalgas. Y se hierven los huevos. Y se esfuman los glandes. Y se reprimen las hostias bien dadas. Y se mastican la dignidad y la razón. Y se estrella la noche.
Mucha pis para llenar el cántaro y nubes de vaho mientras Google busca algún tratado de Punset que me explique el origen de los capullos, el porqué de los estúpidos y la naturaleza de los putos sinvergüenzas. Y vuelvo a casa por Navidad.
La lechera sin cuento ni leches. La regla crítica de Carlos Penas

