La matemática que abrió una puerta prohibida.
La alquimia visual de Brittany Markert llega para incomodar y sanar. Camina por Nueva Orleans como quien atraviesa un sueño que no termina de revelar su mecanismo. La ciudad respira humedad, óxido y superstición, y ella recoge cada exhalación como si fuera una señal cifrada. No es casualidad que una matemática Phi Beta Kappa termine sumergida en el lodo alquímico del cuarto oscuro: las ecuaciones también son puertas, y Markert aprendió pronto que algunas puertas no se abren con llaves, sino con sombras. Su proyecto In Rooms no es un archivo ni una serie: es un organismo vivo, un diario que se escribe a sí mismo en plata, grano y silencio. Un sistema nervioso hecho de habitaciones, cuerpos y símbolos que se repiten como si quisieran advertirnos de algo que olvidamos hace siglos.


Autodidacta en la impresión analógica, formada en la soledad ritual del International Center of Photography y en las clases de Mononoaware, Markert imprime cada imagen con la precisión de un cirujano y la devoción de una médium. No delega nada. No externaliza nada. Todo ocurre en cámara o en el cuarto oscuro, donde la luz se convierte en un animal dócil solo por unos segundos antes de volver a escapar. Allí, en esa penumbra roja, la artista manipula el tiempo como si fuera un líquido espeso. Lo estira, lo contrae, lo obliga a confesar.
Habitaciones como espejos rotos de la psique.
In Rooms es un mapa de los mundos ocultos a plena vista. Un catálogo de psicosis domésticas, rituales íntimos y gestos que parecen inocentes hasta que uno los mira demasiado tiempo. Markert no fotografía escenas: fotografía estados mentales. Cada habitación es un arquetipo, un eco de Jung filtrado por la carne y la memoria. La muerte aparece como una invitada silenciosa, el yo se desdobla en versiones contradictorias, el embaucador se esconde detrás de una cortina o en el reflejo de un espejo que no devuelve exactamente lo que debería. Todo vibra con una tensión que no es amenaza, sino revelación.

La artista trabaja como una alquimista que ha perdido la fe en los metales y la ha depositado en la luz. Sus imágenes están impregnadas de mitologías espirituales, pero no desde la distancia académica, sino desde la urgencia de quien necesita reescribir la historia para que las voces borradas puedan volver a hablar. La lente femenina divina no es un concepto: es una herramienta de excavación. Markert cava en generaciones de silencio, de obediencia, de desaparición simbólica, y extrae fragmentos que reorganiza en escenas que parecen sueños, pero que en realidad son recuerdos colectivos.

Hay algo profundamente clínico en su mirada, pero también algo febril. Como si cada fotografía fuera un experimento para medir la resistencia del alma humana ante la presión de lo desconocido. Los cuerpos en sus imágenes no posan: se entregan. Se abandonan a la gravedad de la habitación, a la geometría de la luz, a la posibilidad de que la cámara capture no solo su forma, sino su fractura. Markert no busca belleza; busca verdad. Y la verdad, en su universo, siempre tiene bordes afilados.


La iluminación como contagio
In Rooms funciona como un espejo que no devuelve la imagen del espectador, sino su sombra. Una invitación a entrar en un espacio donde la lógica se disuelve y solo queda la intuición. La obra completa es un proceso de iluminación que no pertenece a la artista, sino a quien se atreve a mirar. Cada espectador se convierte en un testigo, un cómplice, un paciente. La sanación no es un destino, sino un riesgo. Markert construye un mundo donde la psique se despliega como un teatro de símbolos, donde cada gesto es un conjuro y cada habitación un umbral. Su trabajo no explica: convoca. No interpreta: abre. Y en esa apertura, en ese desgarro controlado, encontramos algo que no sabíamos que habíamos perdido.
Para más información: inrooms.format.com
La alquimia visual de Brittany Markert llega para incomodar y sanar. Por Mónica Cascanueces.

