El cine de terror, los libros infantiles, las actrices francesas, las ruinas, el smooth jazz o el hardcore conviven en un imaginario heterogéneo que se filtra de forma natural en sus composiciones.
Jean Nipon, dibujar aquello que veneraba. Antiguo estudiante de Bellas Artes nacido a finales de los setenta, el parisino Jean Nipon pasó la mayor parte de su vida adulta siendo músico (primero batería y luego productor electrónico) y DJ. Sin embargo, nunca olvidó del todo su formación visual y, hace algunos años, retomó espontáneamente el dibujo.




Apasionado de la pintura clásica, Nipon pasó incontables horas recorriendo museos virtuales, descargando imágenes en alta definición de obras que admiraba profundamente. La imposibilidad económica de poseer un dibujo de Jean-Auguste-Dominique Ingres, una pintura de Jean Dupas o un retrato de Alexander Roslin lo llevó a una solución radical y honesta: dibujar aquello que veneraba.
Así que empezó a dibujar utilizando únicamente lápices de colores. Al cabo de un tiempo, decidió crear obras más personales, incorporando inspiraciones procedentes de sus múltiples campos de fascinación —películas de terror, libros infantiles, actrices francesas, ruinas, smooth jazz y hardcore, entre muchos otros. Al principio, estos dibujos funcionaban como homenajes discretos y conscientes a sus maestros, pero poco a poco se fueron contaminando de sus propias obsesiones.

Más que expresar una identidad o un estilo personal, Jean Nipon se concentra en el oficio y en el lenguaje universal que el dibujo le permite. Para él, el arte no debería ser la manifestación emocional de una visión individual, sino la organización racional de elementos reconocibles, comprensibles para todos, activados por la mano del artista con precisión. Esa postura convierte su obra en un espacio abierto, donde la técnica dialoga con la memoria colectiva sin imponer un relato cerrado definitivo.
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Jean Nipon, dibujar aquello que veneraba

