El arte continúa fuera de las ferias de arte: las exposiciones clave que no te puedes perder.
Exposiciones imprescindibles fuera del circuito ferial madrileño. Madrid, marzo. El aire lleva pólvora, pintura fresca y un leve temblor de ambición. La ciudad se convierte en un animal distinto: respira más rápido, bebe más hondo. En sus museos, ferias y hoteles, el arte se despliega como una batalla silenciosa. No hay tregua. Solo obras que miran, que muerden, que esperan.
Y cuando cae la tarde, ese animal llamado Madrid no descansa: afila sus luces, tensa sus calles, abre las puertas de cada sala como si fueran compuertas de un barco que entra en tormenta. El visitante avanza entre pasillos y plazas con la sensación de que algo está a punto de ocurrir, como si cada cuadro fuera un disparo contenido y cada escultura un animal que respira bajo la piel del mármol. El arte se vuelve un pulso que atraviesa avenidas, hoteles, sótanos y azoteas. Nada permanece quieto. Todo vibra. Todo exige ser visto, sentido, enfrentado. Y en ese temblor, Madrid revela su verdadera naturaleza: una ciudad que no muestra arte, lo desata.

En el Museo del Prado, Juan Muñoz levanta esculturas como fantasmas. No gritan. No se mueven. Pero están. Y eso basta. Figuras que conspiran, que se repiten, que te rodean sin tocarte. El espacio se vuelve trampa. El espectador, rehén. Muñoz no decora. Interroga. Y el museo, templo clásico, se convierte en campo de tensión.

En cambio en el Reina Sofía, Maruja Mallo dibuja con máscara y compás. Surrealismo, geometría, ironía. Pintura como carnaval triste. Juan Uslé navega entre abstracción y memoria. Su barco no flota, pero avanza. Oliver Laxe baila sin que nadie lo mire. El cuerpo como pregunta. Alberto Greco grita “¡Viva el arte vivo!” y rompe el museo en pedazos. Andrea Canepa carga con fardos invisibles. Objetos que pesan más que el tiempo.

En el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en el marco de la conmemoración internacional del centenario del nacimiento de Robert Rauschenberg (1925–2008), el museo, con el apoyo de la Robert Rauschenberg Foundation, presenta una instalación especial en torno a Express (1963), una de sus obras más representativas, perteneciente a la Colección Thyssen-Bornemisza y que mezcla lenguajes como quien mezcla heridas. También la primera retrospectiva en España dedicada al artista danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916) ofreciendo, a través de casi un centenar de obras, una amplia y completa visión de su trabajo. Un artista que susurra. Habitaciones vacías, mujeres de espaldas. Silencio que corta. Ambos dialogan. Como dos hombres en una taberna que no se conocen pero se respetan.
La ruta paralela, siguen las propuestas imprescindibles fuera del calendario ferial
CaixaForum desenfoca. La nitidez ya no importa. Lo que vale es lo que se escapa. Fundación Mapfre muestra a Helen Levitt: niños, calles, gestos. Todo efímero, todo eterno. CentroCentro se eleva con Javier Garcerá. Equilibrio, tensión, arquitectura que respira. La Fundación Cristina Masaveu abre sus muros al arte urbano. Murales, grafitis, voces que antes estaban en la calle y ahora están en la colección. En SOLO Contemporany Madrid, el arte contemporáneo se muestra sin miedo. Emergentes, consolidados, todos juntos. Como una cantina donde todos tienen algo que decir.

Y en el cartel de Olivier Bernoux, La importancia de un centímetro, el arte se vuelve mantra. “Desatascarte con arte”, dice. Pinturas y esculturas de Carlos Penas. Dos figuras se miran. No hay distancia, solo el centímetro que separa el bloqueo del movimiento. La cita: 4 de marzo, mediodía, Fernando VI número 2. Allí empieza algo. O termina. No importa. El arte sucede.
Las ferias se multiplican. Cada una con su ritmo, su herida, su promesa. Madrid se viste de arte, pero no con traje de gala. Con ropa de trabajo, con botas de caminar. Hay que planificar, sí. Pero también hay que perderse. Porque el arte, como la buena pesca, no siempre está donde uno lo espera. La ciudad entera se alinea con el arte: los museos (como el Reina Sofía, el Thyssen o el Prado), los centros culturales (Matadero, La Casa Encendida, Conde Duque), y una extensa red de galerías y espacios independientes organizan exposiciones, performances, visitas guiadas, inauguraciones y encuentros que salpican barrios como Lavapiés, Malasaña, Chueca o el Barrio de las Letras. También recomendamos el Salón de Arte Moderno (SAM), ubicado en la Fundación Carlos de Amberes, que pone el foco en autores consagrados del siglo XX como Miró, Picasso o Tàpies, con obras históricas que dialogan con creadores contemporáneos.
Así que camina. Mira. Detente. Vuelve a mirar. No busques entenderlo todo. No hace falta, el arte no es para entender, es para sentir. Como el whisky en la garganta, como el viento en la cara. Esta Semana del Arte es un combate. Y tú estás invitado.
Exposiciones imprescindibles fuera del circuito ferial madrileño. Por Mónica Cascanueces.
Publicado originariamente en INFOMAG MADRID

