Cierre de galerías de arte, la cultura exige respeto, no excusas.
España, un país donde el arte protesta y el Gobierno bosteza. Las galerías españolas han decidido cerrar una semana entera, del 2 al 7 de febrero, para ver si al Gobierno se le cae una neurona al suelo y hace el milagro de pensar. No es pedir mucho, solo un IVA cultural digno, como el que ya disfrutan esos países europeos que tanto nos gusta envidiar mientras seguimos pagando impuestos como si el arte fuera un vicio clandestino. Pero aquí seguimos, en la gloriosa piel de toro, gobernados por verdaderos ineptos que confunden cultura con decoración y creen que una galería es un capricho de domingo.
Así que las galerías de arte, cansadas de hacer de enfermeras de un sistema que ni las mira, han decidido apagar las luces. Una semana sin esos templos gratuitos donde cualquiera podía entrar a mirar, a respirar, a fingir que entendía algo o a descubrir que quizá sí entendía más de lo que creía. Una semana sin ese pequeño milagro cotidiano, el acceso libre a la creación, ese lujo que en realidad debería ser un derecho, pero que aquí tratamos como si fuera un capricho de ricos aburridos.
El Gobierno, mientras tanto, sigue inmóvil, como un bodegón mal pintado: sin brillo, sin intención, sin vida. Quizá piensen que el arte se alimenta del aire, que los artistas viven de la luz del sol y que las galerías se sostienen con buenas intenciones. O quizá simplemente no piensen. Esa posibilidad siempre está sobre la mesa.
Pero no os preocupéis demasiado, el 9 de febrero volverán a abrir porque, a diferencia de quienes legislan, las galerías de arte sí creen en algo, en la cultura como punto de encuentro, en el espacio compartido, en la necesidad de seguir mostrando lo que otros crean para que el mundo no se oxide del todo. Volverán a abrir porque alguien tiene que hacerlo, porque alguien tiene que recordarnos que sin arte solo queda la resaca, el ruido y la nada. Y porque, al final, incluso en este país, siempre queda un poco de fe en que la belleza pueda más que la burocracia.
España, un país donde el arte protesta y el Gobierno bosteza. Por John Hedhunter.

