Su trabajo se sitúa en un espacio híbrido entre arte, cultura popular y sensibilidad personal, consolidando una voz propia y reconocible.
Nieves González, retratos que celebran la singularidad. Aunque su obra se vertebra desde la pintura clásica —especialmente la tradición occidental de los siglos XVI y XVII—, Nieves González interroga críticamente ese legado.

Los cánones académicos se transforman en sus lienzos mediante una operación consciente de tensión y desplazamiento: lo familiar se vuelve inquietante, lo reconocible adquiere una nueva ambigüedad. Esta metamorfosis deliberada permite que sus imágenes funcionen como puentes entre lo heredado y lo posible, entre la reverencia y la ruptura.
Su trabajo es el punto de encuentro entre lo sagrado y lo profano, el espacio neutral en donde se cuestionan las dualidades y se revela la ambigüedad inherente a toda experiencia humana. Su práctica constituye la defensa de un relato que comenzó a escribirse hace mucho tiempo, pero que en sus manos adquiere nuevas dimensiones de significado, invitándonos a reconsiderar nuestra relación con la historia y la tradición artística desde una sensibilidad contemporánea.




Cada pieza actúa como un fragmento de una conversación más amplia sobre la herencia visual y su vigencia en una cultura saturada de imágenes. En lugar de entender la historia del arte como un museo cerrado, la artista la aborda como un archivo abierto que puede reescribirse desde una sensibilidad generacional. Sus obras plantean preguntas esenciales: ¿qué significa heredar un lenguaje visual?, ¿cómo se reconfigura la mirada en un mundo dominado por la inmediatez y la cultura digital?




Licenciada en Bellas Artes y con un Máster en Arte: Idea y Producción por la Universidad de Sevilla, su obra ha sido expuesta en ferias como JustMad (2025) y reconocida con diversos premios. Su práctica consolida una voz sólida que invita a reconsiderar nuestra relación con la tradición desde el presente.
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Nieves González, retratos que celebran la singularidad

