El camino hacia lo desconocido
Rémi Chapeaublanc: «Gods & Beasts». Emprendió un viaje que parecía trazado más por el destino que por la cartografía. Europa se convirtió en un pasillo interminable de estaciones, ciudades y fronteras; Asia, en cambio, se revelaba como un territorio donde la vastedad del horizonte le aguardaba con un silencio imponente.
En ese peregrinaje en solitario, guiado por la intuición más que por la brújula, el fotógrafo alcanzó Mongolia: un lugar suspendido entre mito y realidad, donde el hombre aún no ha osado profanar del todo la majestad de la naturaleza.
Allí, la llanura se abre como un mar de hierba infinita, y el viento parece recitar versos ancestrales en los oídos de quienes saben escuchar. Mongolia se ofreció ante Chapeaublanc como un libro escrito en un idioma secreto, un idioma de rostros, de huellas sobre la tierra, de silencios compartidos con los animales. Fue en ese instante cuando germinó la semilla de Gods & Beasts, una serie fotográfica que es a la vez rito y revelación.


Entre dioses y bestias
La serie Gods & Beasts se despliega como un coro de retratos crudos, destilados en la misma esencia de lo inmediato. No existe estudio, ni artificio, ni escenario premeditado: todo ocurre en el terreno real, bajo la intemperie que no perdona. Allí, frente al objetivo, hombres y animales comparten un mismo umbral.
La ambigüedad de la jerarquía
En estas imágenes se insinúa una ambigüedad radical: ¿quién domina a quién? ¿Es el hombre quien se erige en deidad, o son las bestias las que encarnan la divinidad oculta de la tierra?
El pastor mongol, con su rostro marcado por el sol y el viento, se revela tan vulnerable como el caballo que lo acompaña. El lobo, con su mirada acerada, transmite una nobleza que rivaliza con la del ser humano que lo observa. Uno tras otro, los retratos establecen una liturgia visual en la que cada criatura reclama un lugar en la misma balanza existencial.


Una relación ancestral y necesaria
Se trata de una relación arcaica y visceral, cimentada en la necesidad mutua. Los hombres dependen de los animales para sobrevivir; los animales, a su vez, encuentran en los hombres una continuidad que les preserva.
La cámara captura la intimidad de este pacto tácito y nos recuerda que el límite entre lo divino y lo animal es más delgado de lo que nuestra cultura pretende sostener.

El juicio del espectador
Gods & Beasts no ofrece respuestas, sino preguntas. Cada retrato se levanta como un altar donde la mirada del espectador es convocada a dictar sentencia.
Quizás los dioses sean los caballos que atraviesan la estepa como relámpagos de carne y músculo. Quizás las bestias seamos nosotros, con nuestra arrogancia civilizatoria y nuestra compulsión por domesticar lo indomable. Tal vez ambos compartamos una misma condición: la de criaturas frágiles que buscan sentido en un universo inmenso y mudo.
La fuerza de la serie radica en ese desplazamiento del juicio. El fotógrafo no dicta ni impone; enciende la hoguera y deja que las sombras nos revelen algo de nosotros mismos.
Así, Gods & Beasts se convierte no sólo en un proyecto fotográfico, sino en un viaje filosófico encarnado en imágenes. Una invitación a replantear nuestro lugar en el mundo y a reconocer, en el rostro de un animal, la chispa de lo divino que creíamos exclusiva.
Para más información: remichapeaublanc.com