Raíces académicas y pertenencia a la Escuela de Helsinki. Para mí, la cámara es el símbolo de la palabra no dicha. El “sin palabras»
Pernilla Zetterman: la disciplina como lenguaje visual. Nacida en Estocolmo en 1970 es una de las artistas más notables que emergieron de la llamada Escuela de Helsinki, un colectivo heterogéneo de fotógrafos cuya impronta transformó la percepción del medio en Europa a finales del siglo XX e inicios del XXI.
Zetterman encarna a la perfección ese espíritu nórdico de rigor conceptual y minuciosa construcción visual. Su formación, distribuida entre Suecia y Finlandia, resulta un fiel reflejo de su propia búsqueda identitaria y metodológica: un BFA en la Escuela de Fotografía de la Universidad de Gotemburgo, un MFA en la Escuela Universitaria de Artes, Artesanía y Diseño de Estocolmo y un posgrado en la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki constituyen la base sólida de un recorrido intelectual en el que la teoría y la práctica se funden.

El reconocimiento internacional a su obra ha sido amplio, con exposiciones tanto individuales como colectivas en Europa y más allá. Entre las más significativas se encuentra la exposición itinerante The Helsinki School, un proyecto coral que sirvió como manifiesto generacional y permitió dar visibilidad a una sensibilidad fotográfica particular: aquella que entiende la cámara no solo como un dispositivo de registro, sino como una herramienta de pensamiento. Su presencia en colecciones permanentes como las del Fotomuseum Winterthur y la Fundación Hasselblad confirma el peso de su trabajo en el ámbito museístico contemporáneo.
La fotografía de Zetterman se erige en un espacio de interrogación constante sobre la relación entre individuo y estructura, herencia y entorno, disciplina y libertad. Desde sus primeras series hasta sus proyectos más recientes, la artista ha explorado los mecanismos mediante los cuales el cuerpo y la mente son moldeados por patrones, reglas y rituales. En esa dialéctica, la memoria personal y colectiva ocupa un lugar central, articulando un discurso donde lo íntimo se proyecta hacia lo universal.
La memoria como escenario: reconstruir el pasado
En la serie Stay (2012), Zetterman abre una ventana hacia la infancia y los recuerdos familiares. A través de fotografías inspiradas en álbumes domésticos de los años setenta y en observaciones actuales, la artista recrea escenas que no son meras reproducciones, sino reescrituras visuales del pasado. Lo que emerge no es una nostalgia complaciente, sino una reflexión sobre cómo la memoria se convierte en material plástico, susceptible de ser manipulado, editado y resignificado.

En paralelo, la serie When indaga en las raíces de la identidad a través de un estudio intergeneracional que involucra tres casas: la de su abuela, la de su madre y la suya propia. Cada espacio, con sus objetos y huellas, se convierte en metáfora de la transmisión de valores, obsesiones y rutinas. Aquí, Zetterman examina cómo los gestos más cotidianos y las estructuras más íntimas son, en realidad, portadores de un lenguaje silencioso que configura la subjetividad.

Este ejercicio de reconstrucción no responde a una simple arqueología personal, sino a un cuestionamiento sobre los modos en que los individuos heredan patrones de comportamiento. Los escenarios familiares funcionan como espejos donde se reflejan tanto la permanencia como la transformación de las dinámicas afectivas y disciplinarias. Así, lo privado se revela como un laboratorio donde se gestan los códigos sociales que más tarde se extienden a la esfera pública.
Cuerpo, disciplina y poder: del deporte a la equitación
La investigación de Zetterman sobre el control y la disciplina se manifiesta de manera particularmente intensa en Ground Rules. En esta serie, la artista recurre a su experiencia como atleta para interrogar los mecanismos de rendimiento, motivación y regimentación. El deporte se muestra no solo como un ejercicio físico, sino como una práctica cargada de reglas que modelan tanto el cuerpo como la mente. Cada detalle —un gesto repetido, un instrumento, una postura— adquiere la fuerza de una gramática corporal.

La metáfora del lenguaje se extiende a su proyecto Close, centrado en la cultura ecuestre. Aquí, los caballos se convierten en protagonistas de una narrativa ambivalente donde el amor y la confianza coexisten con la disciplina más estricta. Los primeros planos de sus cuerpos, impregnados de intimidad, contrastan con la presencia de látigos, riendas y mordeduras. Zetterman logra traducir en imágenes esa tensión entre la vulnerabilidad del contacto y la severidad de las herramientas de control.
Ambas series dialogan entre sí al revelar cómo las prácticas humanas —ya sea en el deporte o en la equitación— configuran microcosmos en los que se ensayan las dinámicas de poder. El cuerpo, sometido a normas y exigencias, se convierte en soporte de significados que trascienden lo individual. La disciplina, más que un límite, aparece como un idioma que se enseña, se aprende y se transmite, consolidando así una red invisible de herencias culturales y emocionales.

El lenguaje como frontera y posibilidad
En Grammar, Zetterman se adentra en un territorio distinto pero coherente con sus preocupaciones centrales: la comunicación, la codificación y las dificultades del lenguaje. Partiendo de su propia relación con la escritura y el aprendizaje de un idioma extranjero, la artista plantea una reflexión sobre la comprensión y la incomprensión humanas. La dislexia, abordada desde combinaciones de palabras, fotografías y un video experimental, se convierte en metáfora de la fragilidad comunicativa y de la vulnerabilidad inherente al acto de expresarse.
Esta serie amplía el horizonte de su obra al situar la disciplina no solo en el terreno físico o conductual, sino también en el simbólico. El lenguaje, con sus reglas y excepciones, es otro sistema de control y, al mismo tiempo, una oportunidad para el encuentro. La dificultad de nombrar o de comprender se transforma en un espacio poético en el que se despliega la tensión entre limitación y creatividad.

En este sentido, Grammar se enlaza con sus investigaciones anteriores al subrayar que toda estructura —ya sea corporal, cultural o lingüística— implica una tensión entre normatividad y libertad. Lo que en un primer momento parece una restricción se revela como condición de posibilidad: sin disciplina no hay lenguaje, sin reglas no hay comunicación, sin herencia no hay identidad.



Con una trayectoria coherente y rigurosa, Pernilla Zetterman se ha consolidado como una de las voces más lúcidas de la fotografía contemporánea nórdica. Su obra no se limita a documentar realidades, sino que construye escenarios donde lo íntimo se vuelve universal y donde el control, lejos de ser un mero mecanismo de opresión, aparece como un prisma para pensar la complejidad de la vida humana.
Pernilla Zetterman: la disciplina como lenguaje visual. Por Mónica Cascanueces.