El lenguaje del silencio: una poética del collage
El cuerpo fragmentado en la obra de Katrien de Blauwer. Es una artista belga nacida en Ronse que ha forjado una trayectoria singular en el universo del arte contemporáneo, erigiéndose como una figura que desafía las convenciones de la fotografía tradicional.
Autodenominada “fotógrafa sin cámara”, su obra se construye a partir de fragmentos: imágenes rescatadas de revistas, documentos antiguos y cuadros olvidados, que ella recorta, recompone y resignifica. Este gesto de apropiación no es meramente estético, sino profundamente existencial. En sus collages, la artista no busca representar, sino evocar; no pretende narrar, sino sugerir.

Su proceso creativo se inscribe en una búsqueda de lenguaje propio, una gramática visual que emerge de lo residual. Las emociones —dolor, deseo, pérdida, tristeza— son el motor de su práctica, y el collage se convierte en el medio idóneo para explorar lo incómodo, lo no dicho, lo reprimido.
Al ensamblar imágenes ajenas, De Blauwer construye un discurso íntimo que, paradójicamente, se universaliza. La ausencia de rostros reconocibles y la fragmentación del cuerpo permiten que el espectador se proyecte en la obra, reconociéndose en lo anónimo.

La artista opera como una médium entre lo personal y lo colectivo, entre lo visible y lo latente. Su trabajo, como ella misma afirma, tiene un efecto terapéutico: es una forma de autoindagación, una arqueología emocional que se despliega en cada corte, en cada superposición. Así, el collage no es solo técnica, sino también catarsis.
Memoria por acumulación: el archivo emocional
La obra de Katrien de Blauwer se articula como un archivo afectivo, una memoria construida no por sustracción, sino por acumulación. En lugar de borrar, ella conserva; en vez de simplificar, complica. Cada imagen reciclada es una huella, un vestigio que se salva de la destrucción y se incorpora a una nueva narrativa. Esta operación de rescate confiere a su trabajo una dimensión ética: hay en él una voluntad de preservar lo olvidado, de dignificar lo marginal.

Su formación en pintura y moda —ambas abandonadas en favor del collage— revela una sensibilidad estética que se manifiesta en la composición precisa de sus obras. Los recortes idiosincrásicos, las pastas condensadas, los encuadres abruptos, todo responde a una lógica interna que no obedece a la razón, sino al instinto. Como en el montaje cinematográfico, el corte delimita lo esencial, lo que debe ser visto, lo que no puede ser ignorado.


En este sentido, De Blauwer se inscribe en una tradición que va de Hannah Höch a Louise Bourgeois, artistas que también exploraron el inconsciente a través de la fragmentación visual. Pero su propuesta es única en su capacidad de conjugar intimidad y anonimato, de hablar en tercera persona sobre lo más propio. Como señala Anaïs Nin: “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”. Y en el caso de De Blauwer, vemos cómo somos a través de lo que ella ha visto.
El cuerpo como territorio: entre lo visible y lo velado
Uno de los aspectos más inquietantes de la obra de Katrien de Blauwer es su relación con el cuerpo. Aunque sus collages rara vez muestran rostros completos o figuras enteras, el cuerpo está siempre presente, fragmentado, sugerido, velado. Esta estrategia de ocultamiento no responde a una censura, sino a una poética del misterio. Al no ofrecer una imagen total, la artista invita al espectador a completar la figura, a imaginar lo que falta, a proyectar sus propios deseos y temores.


El cuerpo, en su obra, se convierte en territorio de exploración emocional. Es el lugar donde se inscriben las heridas, los anhelos, las pérdidas. Pero también es el vehículo de la memoria, el soporte de lo vivido. Al recortar y recomponer cuerpos ajenos, De Blauwer habla del suyo, de su historia, de su infancia problemática, de su tránsito por el arte como forma de sanación.
Su trabajo, por tanto, no es solo visual, sino también táctil, casi corporal. Hay en él una materialidad que interpela, que conmueve, que incomoda. Y es precisamente en esa incomodidad donde reside su potencia: en la capacidad de confrontarnos con lo que no queremos ver, pero que necesitamos reconocer.
Para más información:
El cuerpo fragmentado en la obra de Katrien de Blauwer. Por Mónica Cascanueces.