Allan Kardec: el mayor gurú del espiritismo

Allan Kardec, ni siquiera se llamaba así. Su verdadero nombre era Hippolyte Léon Denizard Rivail, pero con su pseudónimo pasó a la historia del espiritismo

Allan Kardec: el mayor gurú del espiritismo. En sus 64 años de vida tuvo tiempo para abordar esta disciplina, hasta el punto de calificarla como «la prueba patente de la existencia del alma, de su individualidad después de la muerte, de su inmortalidad y de su suerte verdadera; es, pues, la destrucción del materialismo, no con razonamiento, sino con hechos». Pero ¿Quién era en realidad Allan Kardec?

Allan Kardec nació en Francia, en 1804 y dedicó 30 años de su vida a la educación. Bachelor en Letras, educador y traductor, habiendo escrito varias obras pedagógicas y una de gramática francesa clásica. Fue discípulo destacado y activo divulgador del método del educador Henri Pestalozzi y llegó a sustituirlo en la dirección, en sus ausencias, de la eminente escuela de Yverdon (Suiza), considerada modelo para toda Europa.

En esta época de intensa propagación del Espiritismo, cuando tantas tergiversaciones e interpretaciones personales amenazan la estructura de la doctrina, lo ideal sería que todos los espiritistas buscaran agua, de vez en cuando, en el folleto antes mencionado, sumergiéndose en la lectura y meditación de sus enseñanzas.

Allan Kardec fue educador antes de la doctrina Espírita

Las actividades diarias y la formación académica de Rivail en el Instituto Pestalozzi ciertamente fortalecieron el cuerpo, nutrieron el espíritu y moralizaron el corazón. Con un programa educacional completo y mejorado, muchos franceses y alemanes ilustres fueron también allí educados.

Instituto Pestalozzi

La organización y el método de enseñanza abarcaban las disciplinas de Química, Física, Biología, Mineralogía, Botánica, Zoología, Anatomía comparada, Historia natural, Fisiología, Psicología, enseñanza de idiomas como griego, latín, Italiano, inglés, francés y alemán. Las Matemáticas comprendían cálculo, aritmética superior y geometría. Se estudiaba también geografía y hasta astronomía. Se incluía bellas artes, dibujo, música y enseñanza religiosa y moral.

Johann H Pestalozzi


Después de la pacificación europea con el fin de las guerras napoleónicas, cautivando la simpatía y admiración de los maestros, Denizard Rivail, a los 14 años, se transformó en colaborador eficiente de la escuela, enseñando a los menos adelantados. Más tarde, recibiendo también la educación formal superior en el Instituto, amplió sus conocimientos y experiencia que serían importantes en la publicación de sus propios libros didácticos en el futuro.

Curiosidades sobre Allan Kardec, el mayor gurú del espiritismo

Allan Kardec se casó en 1832 con la también profesora Amélie-Gabrielle Boudet, socia de Mme Pestalozzi en el Instituto de Yverdon, en la educación de los niños y jóvenes.
Autora de tres libros: uno de cuentos, otros de dibujo y bellas artes, asignaturas que impartía. Amélie era nueve años mayor que el Prof. Rivail, pero era jovial física y espiritualmente.

No tuvieron hijos, pero educaron a muchos. Narra Zêus Wantuil, que en 1835, la pareja sufrió un revés significativo. El Instituto fue obligado a cerrar sus puertas. Sin embargo, al tener una esposa muy comprensiva, resignada y valiente, fue fácil para él superar estos tormentosos eventos. Amparándose mutuamente, ambos se lanzaron a mayores trabajos.
Durante el día, mientras Rivail se encargaba de la contabilidad de casas comerciales, su esposa colaboraba de alguna forma en la preparación de los cursos gratuitos que habían organizado en la propia residencia, y que funcionaron de 1835 a 1840.

Acompañando a su esposo en esas investigaciones, era posible ver la alegría emotiva con la que Amélie se dio cuenta de los hechos que abrieron nuevos horizontes de felicidad para la Humanidad. Después de innumerables observaciones y experiencias, el profesor Rivail puso sus manos en la maravillosa obra de la Codificación, y es de su querida esposa, entonces con 60 años, que él recibe todo el apoyo moral en ese compromiso. Ella se transformó en verdadera secretaria del esposo, apoyándolo en los nuevos y bastantes más arduos trabajos que ahora le tomaban todo el tiempo, estimulándolo e incentivándolo en el cumplimento de su misión.

Allan Kardec: el mayor gurú del espiritismo y la Sociedad anónima del Espiritismo

Profundamente convencida de la verdad de las enseñanzas espíritas, ella buscó garantizar la vitalidad del Espiritismo en el futuro, y, de acuerdo a lo que ella misma dijo, no podría aplicar mejor el tiempo que todavía tenía en la Tierra, antes de reunirse con su esposo. Esforzándose por concretar los planes expuestos por Allan Kardec en la «Revue Spirite» de 1868, ella consiguió, después de cuidadosos estudios hechos conjuntamente con algunos de los viejos discípulos de Kardec, fundar la «Sociedad anónima del Espiritismo».

Destinada a la divulgación del Espiritismo por todos los medios permitidos por las leyes, la mencionada sociedad tenía, sin embargo, como objetivo principal, la continuación da «Revue Spirite», la publicación de las obras de Kardec así como de todos los libros relacionados al Espiritismo. Gracias a la visión, al empeño y a la devoción sin límites de Madame Allan Kardec, el Espiritismo creció a pasos de gigante, no solo en Francia, sino en todo el mundo.

El Libro de los Espíritus de Allan Kardec

Su obra magna y biblia espiritista: El Libro de los Espíritus, aparecido el 18 de abril de 1857 con este prólogo del mismo Kardec:

«Los espíritus anuncian que los tiempos designados por la providencia para una manifestación universal han llegado ya, y que siendo ministros de Dios y agentes de su voluntad, su misión es la de instruir e ilustrar a los hombres, abriendo una nueva era a la regeneración de la humanidad. Este libro es la recopilación de su enseñanza«.

La primera edición se agotó en una semana. Fue un asalto a las librerías. En vida de Allan Kardec –murió en París el 31de marzo de 1869, a sus 64 años, de aneurisma cerebral–, la fiebre por su libro consumió… dieciséis ediciones más, regadas por media Europa.

Entre 1857 y 1862, sumido en una especie de éxtasis y abandonados su racionalismo y su positivismo, escribió otros trece libros girando sobre la misma piedra de la noria. Y llegó a clasificar a los espíritus en superiores e inferiores, y entre ellos, malvados, rebeldes, errantes, vulgares, mentirosos, que usurpan nombres venerados: Sócrates, Julio César, Carlomagno, Fenelón, Napoleón, Washington…

Como era de esperar, empezaron a soplar vientos adversos, sobre todo a partir de su libro El Evangelio según el Espiritismo, que puso de cabeza a la Iglesia Católica, y en 1864 condenó la obra de Kardec al Índex (lista de libros prohibidos), con eco en la Inquisición de Barcelona: 300 ejemplares ardieron en la hoguera…


Y no fue el único enemigo. Exaltados vecinos de París, católicos y viendo en Kardec poco menos que a Satán, apedrearon su casa, la flanquearon con antorchas, obligaron a su mujer (Amelie Gabrielle Boudet) y a sus hijas a huir y buscar refugio en otra ciudad, y lo acorralaron hasta el punto recibir comida gracias a la bondad (y al riesgo) de algunos vecinos.

Esa danza macabra de cartas anónimas, traiciones de amigos, insultos, difamación, mereció piedad por parte de Anna Blackwell, muy cercana a él y traductora de algunas de sus obras al inglés.

En su defensa escribió: «Allan Kardec era de mediana estatura. Tenía complexión robusta, cabeza amplia, redonda, firme, con facciones bien marcadas y ojos grises claros, pareciendo más un alemán que un francés. Era enérgico y perseverante, pero de temperamento tranquilo, cauteloso y realista –casi hasta la frialdad–, incrédulo por naturaleza y por educación, razonador lógico, preciso y práctico en sus acciones e ideas. Tomaba distancia del misticismo y del entusiasmo».

La contracara de lo que ocurrió después…

A más de 200 años de su muerte, su libro-madre sigue siendo editado en más de medio planeta: incalculables millones de ejemplares que no faltan en la cabecera de todo fiel espiritista.

Su féretro fue seguido por mil doscientas personas hasta el cementerio de Montmartre –el más antiguo de París–, donde otras tantas almas lo esperaban. Entre los discursos de despedida brilló el de Camille Flammarion, el sabio astrónomo francés. Pero aun habría otro destino: el 29 de marzo de 1870, exhumados sus restos, pasaron al célebre Pére Lachaise. Dos días después, un grupo de espíritas instalaron un dolmen funerario in memoriam: simple, de líneas puras, construido con bloques de granito que forman una cámara que protege su busto de bronce. En el frontispicio se lee:

Según el diccionario Aurelio, crear es: componer en la mente; concebir o inventar y codificar, significa: reunir varios contenidos en una sola obra; compilar

«Nacer, morir, renacer de nuevo y progresar sin cesar, tal es la ley».

Una cuestión de fe. Y como toda creencia en la inmortalidad de las almas, un desesperado y esperanzado combate contra la muerte.

Allan Kardec: el mayor gurú del espiritismo. Texto: Alfredo Serra