Ídolos virtuales: la nueva era de los influencers

Humanos virtuales empiezan a amasar seguidores en redes sociales y a conseguir contratos de publicidad

Ídolos virtuales: la nueva era de los influencers . Desde hace algunos años los países asiáticos han sido particularmente propensos a crear estrellas pop que no tienen una base en la realidad: hologramas, personajes de anime, avatares en 3D.

En la mayoría de los casos estas «estrellas» tenían algún talento específico, como cantar, o eran parte de una serie animada. Ahora la tecnología permite que estos personajes sean casi indistinguibles de los seres humanos reales.

Ahora la revolución digital ha llegado a una siguiente etapa. Se trata de personajes virtuales que compiten con influencers reales, algo así como las hermanas Kardashian hechas por computadora, con una combinación de las idiosincracias y el sex appeal locales, así como el estándar de la cultura y la moda que se ha vuelto global.

Lil Miquela

Las nuevas generaciones en Japón, China, Estados Unidos y otros países están creando sus propios influencers y empiezan a obtener importantes contratos de publicidad y amasar cientos de miles de seguidores en TikTok, Twitter, Instagram, Snapchat y otras redes sociales. 

Ídolos virtuales: la nueva era de los influencers . Lil Miquela es una «joven robot de 19 años» que vive en Los Ángeles, trabaja como modelo y tiene una herencia mixta, brasileña y estadounidense. 

Su cuenta de Instagram supera los tres millones de seguidores. También está activa en otras redes como TikTok y ha logrado contratos con importantes marcas de ropa y productos de lujo. Miquela fue generada hace unos años por la compañía Brud, la cual incluso le ha dado una infancia falsa. 

Ling

En China, la influencer Ling alcanza ya casi los ciento cincuenta mil seguidores en Weibo, el Twitter chino. Su rostro perfecto, casi de porcelana, su cabello brillante, su capacidad de sonreír permanentemente y su vida perfecta (pero con un cierto toque de imperfección humana) le han permitido convertirse en una figura admirada por la juventud china. Ling ha trabajado con marcas como Tesla y Nayuki. Un post en sus redes cuesta alrededor de ocho mil quinientos dólares.

Cabe reiterar que no es una persona real; es un programa creado por la compañía de inteligencia artificial Shanghai Xmov Information Technology y Beijing Cishi Culture Media Company, con la intención de tener una modelo que puedan ofrecer a diferentes compañías. A diferencia de otros influencers, Ling no se cansa, no tiene problemas con las drogas o con el sexo y mientras todos están encerrados por la pandemia, ella puede salir a divertirse y hacer cosas que todos soñamos con hacer.

Según reporta el sitio Insider, existe cierto descontento entre las compañías chinas por recientes escándalos que protagonizados por algunos influencers. Las compañías han empezado a apostar por lo que llaman «ídolos virtuales». Con la evolución de la inteligencia artificial es cada vez más fácil crear humanos virtuales difíciles de diferenciar de los reales. Al mismo tiempo, la penetración extrema que tiene la tecnología en la mayoría de las sociedades en el  mundo parece estar creando una mayor aceptación de los robots y los modelos CGI. Quizá incluso estamos presenciando un cambio de paradigma estético y una robotización del deseo. 

El reto para estas compañías es crear la mezcla justa entre los ideales aspiracionales de perfección que admiran los jóvenes y los ingredientes de imperfección humana que les dan realismo a sus creaciones y les permiten establecer relaciones afectivas con el público. 

En realidad los ídolos virtuales son la siguiente etapa de un proceso que había empezado con la edición de imágenes a través de filtros (o «facetuning») en las redes sociales. Existe actualmente una extraña relación entre los perfiles de las redes sociales y las versiones IRL (versión de la vida real). Algunas personas empiezan a someterse a cirugía plástica para parecerse a la versión digital que han creado usando estas técnicas de edición de imagen. Los cirujanos comentan que actualmente las personas llegan a sus consultorios con imágenes de ellos mismos generadas a través de filtros y softwares, mientras que hace unos años llegaban con imágenes de modelos.

En China se estima que el mercado de influencers virtuales produjo quinientos cuarenta millones en 2020 y el monto podría crecer a casi mil millones este año. Aunque Ling es actualmente la fashionista virtual número 1, tiene ya importantes competidores.

La situación genera escalofríos y recuerda los escenarios distópicos de las novelas de Philip K. Dick, como Do Androids Dream of Electric Sheep (llevada al cine como Blade Runner). No es difícil imaginar en un futuro cercano a toda una hueste de influencers acaparando masivamente la atención del público, quizá accediendo a las bases de datos de empresas como Google o Facebook, para poder ofrecer experiencias personalizadas. Estos influencers no sólo estarán diseñados con la imagen perfecta sino que serán capaces de decir lo que los usuarios quieren escuchar, reforzando sus creencias, sus inseguridades, en una creciente burbuja de filtros. 

Fuente: Luis Alberto Hara