Nigel Van Wieck reinventa la soledad al óleo

La soledad, tanto si se disfruta como si se sufre, es un ente bello en muchas de sus formas; es bella cuando se vive, es bella cuando se siente, es bella si se reflexiona, es bella si se observa y, por supuesto, es bella si se plasma en un lienzo.

Nigel Van Wieck reinventa la soledad al óleo. Edward Hopper fue el gran pintor de la soledad de un centenar de individuos que poblablan su colorido universo de habitaciones de hotel, casas y restaurantes sobre los que flotaba en la atmósfera, la introspección como única filosofía de vida. 

Como si de un Hopper reinventado y adaptado a la actualidad se tratara, el pintor británico Nigel Van Wieck plasma en su cuadros figurativos a personas iluminadas por su ordenador portátil o sumergidas en sus pensamientos en el vagón de un metro; todo una serie de piezas inspiradas en la icónica figura del pintor neoyorkino.

Nigel nació en Bexley, Reino Unido, en 1947 y estudió en Europa donde se empapó de la obra de los grandes maestros, sus estilos y su estética hasta que se decantó por su estilo al óleo en el que la soledad no es un personaje más, sino que es el principal.

Nigel Van Wieck reinventa la soledad al óleo. Cuando se traslado a EEUU en 1979, se vio fuertemente influenciado e inspirado por la obra de artistas contemporáneos norteamericanos y las corrientes «realistas» que lleva más de 30 años desarrollando en su trabajo pictórico.

En sus cuadros, en los que muchas veces pinta directamente al óleo y otras veces se guía por previos bocetos a lápiz, plasma escenas cosmopolitas del día a día en los que sus personajes se ven dibujados por un uso de la luz natural en sus escenarios callejeros e intimista en sus escenarios de interior.

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Nigel Van Wieck reinventa la soledad al óleo. Fuente: Walter Ego