‘Viaje al Oriente’ de Hermann Hesse

Como en todos los viajes iniciáticos, en El viaje a Oriente lo que cuenta no es la meta esquiva e imprecisa, sino el recorrido en sí mismo, el proceso que lleva a sus protagonistas hacia el descubrimiento de una nueva realidad, que pasa por la muerte simbólica y el renacimiento espiritual. Esta novela es, junto con Siddharta, la más importante contribución de Hermann Hesse al tema del desarrollo interior del hombre y la búsqueda del sentido de la existencia. Se trata de una novela breve claramente alegórica, en el que un singular viaje colectivo hacia Oriente, una especie de mística Cruzada emprendida por una misteriosa hermandad, sirve de base para un vigoroso y poético alegato a favor de otro tipo de relaciones, más auténticas y profundas, con uno mismo y con el mundo. Es un viaje fantástico que, como los viajes de la imaginación y de los sueños, se salta las barreras del espacio y del tiempo, pues su objetivo no es otro que el de englobar la experiencia humana en un todo armonioso y significativo.

Viaje al Oriente está escrito desde el punto de vista de un hombre (llamado en el libro como “H. H.”) que se convierte en un miembro de “La Liga”, una secta religiosa atemporal cuyos miembros incluyen célebres personajes ficticios y reales, como Platón, Mozart, Pitágoras, Paul Klee, Don Quijote de la Mancha, El Gato con Botas, Tristram Shandy, Baudelaire, Goldmundo (de la obra anteriormente escrita por Hesse Narciso y Goldmundo), el artista Klingsor (de la obra de Hesse, llamada El Último verano de Klingsor), y el balsero Vasudeva (de la obra de Hesse, llamada Siddhartha). Una rama del grupo continúa un peregrinaje hacia “el Oriente” en búsqueda de la «Verdad definitiva». El narrador habla de su viaje a través del tiempo y el espacio a través de la geografía imaginaria y real.

A pesar de que se veía divertido y visionario, el viaje comenzó a tener dificultades en medio de un profundo desfiladero montañoso llamado Morbio Inferiore cuándo Leo, aparentemente un simple criado, desapareció, haciendo que el grupo se desplomase en la ansiedad y en la duda. Leo es descrito como un hombre feliz, agradable, guapo, amado por todo el mundo, quién se llevaba bien con los animales – un ávido lector, en el que parece tener un mejor trato que el de un simple criado, pero nadie en el recorrido, incluyendo el narrador, parece darse cuenta de aquello. Ni tampoco se preguntan el por qué comenzaron a pelear y separarse después de que Leo desapareciera. En vez de eso, comienzan a culparlo de llevar con él diversos objetos que parecían haberse perdido y que aparecen más tarde, los cuales consideran que son muy valiosos — posteriormente se darán cuenta de que no lo fueron —, y finalmente lo acusan de haber sido el responsable de la disgregación del grupo y de haber arruinado las intenciones del Viaje.

Años después, el narrador intenta escribir su historia del Viaje, incluso aunque haya perdido contacto con el grupo y cree que la Liga ya no existe. Pero es incapaz de realizar un relato coherente de lo sucedido; su vida entera se ha hundido en la desesperación y la desilusión desde el fracaso de la cosa que era más importante para él, y e incluso ha tenido que vender el violín con el que ofreció música al grupo durante el Viaje. Finalmente, por consejo de un amigo, encontró al criado Leo y, habiendo fracasado en su intento de restablecer la comunicación con él o incluso ser reconocido por él cuando lo conoció en la banca de un parque, le escribe una largar y apasionada carta de “quejas, remordimientos y súplicas”, la cual se lo envía en esa misma noche.

A la mañana siguiente, Leo aparece en la casa del narrador y le dice tiene que acudir ante el Gran Trono para ser juzgado por los oficiales de la Liga. Resulta (a la sorpresa del narrador) que Leo, el sencillo criado, es de hecho el Presidente de la Liga, y que uno de los oficiales es Pablo, de la obra de Hesse llamada El Lobo Estepario. La crisis en Morbio Inferiore era una prueba de fe que el narrador y todo los demás de lado de manera desalentadora. H. H. descubre que su “aberración” y el tiempo perdido en la deriva era parte de su prueba, y se le permitió regresar a la Liga si podría pasar por una nueva prueba de fe y obediencia. Tras lo cual él decide hacerlo, y cuyo desenlace final es un golpe de típico misticismo oriental de Hesse en su máxima expresión.

Sobre el autor:


Nació el 2 de Julio de 1877 en Alemania y falleció el 9 de Agosto de 1962 en Suiza.
De su obra de cuarenta volúmenes —entre novelas, relatos, poemarios y meditaciones— se han vendido más de 30 millones de ejemplares, de los cuales sólo una quinta parte corresponde a ediciones en alemán. Además, publicó títulos de autores, antiguos y modernos, así como monografías, antologías y varias revistas. Editó también casi 3000 recesiones. A esta obra se suma una copiosa correspondencia: al menos 35 000 respuestas a cartas de lectores, y su actividad pictórica: centenares de acuarelas de característica expresionista e intenso cromatismo.  Hasta el centenario de su nacimiento, se habían escrito más de 200 tesis doctorales, unos 5000 artículos y 50 libros sobre su vida. Para dicha fecha, era también el europeo más leído en Estados Unidos y Japón, y sus libros traducidos a más de 40 idiomas, sin contar dialectos hindúes. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946, como reconocimiento a su trayectoria literaria.

10 FRASES DE HERMANN HESSE


Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos.
La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros.
La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla.
Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos.
Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.
Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.
La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero.
Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros.
Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.
Hago mi camino cansado y polvoriento, y detenida y dudosa queda tras de mí la juventud, que baja su hermosa cabeza y se niega a acompañarme.