“El jardín perfumado” obra de Mohammad Al-Nafzawi

Dicen que el libro más conocido mundialmente de la literatura árabe es la colección de cuentos conocida como “Las mil y una noches”. Suele agregarse que la segunda obra en cuanto a número de lectores y traducciones de esa literatura es “El jardín perfumado” obra de Mohammad Al-Nafzawi, procedente de una tribu de lo que hoy es el sur de Túnez. Los ingleses tienen suerte ya que ambos libros fueron traducidos a esa lengua por el mítico aventurero, sexólogo y orientalista Richard Burton… Lo curioso es que este libro medieval (de principios del siglo XV) como tantos otros de amplio erotismo como tiene la literatura árabe, hoy no sólo están prohibidos por los ulemas más rigoristas –que parecen legión-  sino que si se hallasen en público, podrían ser quemados.   Por eso los traductores de este libro al español (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), Ignacio Gutiérrez de Terán y Naomí Ramírez Díaz, han puesto un rico y ameno prólogo a su trabajo  -“Eros y literaturaárabe clásica”- que demuestra que en la Edad Media y hasta el siglo XVIII inclusive (aunque tampoco faltaban censores y detractores) el mundo islámico conoció multitud de tratados, relatos y poemas sobre todo tipo de sexualidad y su práctica, incluida la homosexualidad que llena los versos de uno de los poetas árabes más notorios, Abu Nuwás.  Es decir el Islam (que hoy ofrece su cara más bronca) conoció amplios períodos de tolerancia y liberalidad moral. Porque Al-Nafzawi no era un ateo sino alguien que al inicio de su libro (sobre la práctica sexual entre mujeres y hombres, sus modos, y relatos amenos que la prueban y ensalzan) comienza dando gracias al Todopoderoso por habernos concedido la bendición de la sexualidad , “una buena verga y una hermosa vagina”,  “el azote del macho y la convulsión  de la hembra”.  Este hombre santo (él mismo era un ulema) escribió este tratado lleno de relatos y anécdotas –“Las artes del coito”, “De los nombres de la vulva”, son títulos de alguno de sus capítulos- por encargo  del visir Al-Zawawi, poderoso señor de la entonces provincia de  Ifriqiyya, que antes se había deleitado con una obra menor del mismo autor, “Iluminación de los amantes en los secretos de la cópula”.

Aunque en el texto, muy cuidado, abunden los poemas, los cuentos y las metáforas eróticas llenas de adorno, como el propio título “El jardín perfumado de los deleites sensuales”, no pensemos que el autor  cela realidad, al contrario, como dicen los traductores usa “verbis apertissimis”, esto es palabras directas. Ejemplos: lo que más gusta a las mujeres son hombres  con “un miembro viril de buen tamaño, de pecho ligero y nalgas pesadas y de un eyacular parsimonioso…”   Lo que los hombres gustan de las mujeres  son “cejas finas y largas, vulva ampulosa y vello espeso, vagina inodora y sin vapores…” Aconseja este sabio del placer al visir  copular ligero de comida y bebida, “pues el ayuntamiento resultará más sabroso, saludable y placentero.” Entre las anécdotas ( que a menudo buscan lo irónico)  cuenta que preguntan a una anciana sabia:  ¿Dónde pensáis las mujeres que reside el entendimiento? A lo que contesta: “Entre sus muslos”.  Una joya medieval de erotismo y buena literatura que hoy sería quemada por los integristas. Hubo otro Islam. Puede haberlo…

Texto: luisantoniodevillena